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UNOS ERRADICAN, OTROS CONSUMEN.

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Por Jorge FERNÁNDEZ MENÉNDEZ./17 Marzo./

Ayer estuve en Heliodoro Castillo, uno de los municipios con más sembradíos de amapola, de donde sale la goma de opio que, a su vez, es la base para la producción de heroína. Acompañé a un grupo de soldados a realizar labores de erradicación de la amapola. Hace ya mucho tiempo que en toda esa zona del país la mariguana no es la que tiene los mayores sembradíos: en una proporción de cien a uno, la amapola es con mucho, el producto más importante, el más sembrado.

La razón es económica: un kilo de goma de opio se la pagan a los campesinos que siembran y cosechan los más de mil 600 sembradíos de goma de opio (operados por 16 grandes bandas) en unos 15 mil pesos. Puesto en Acapulco ese kilo  de goma de opio vale ya más de cien mil pesos, pero convertido en heroína en el mercado del norte el precio de un gramo de droga pura es de aproximadamente 600 dólares el gramo.

Erradicar esos plantíos es una labor terriblemente desgastante. Los soldados están en la sierra durante dos semanas con calor abrasador durante el día y frío en la noche. La sierra de Guerrero es, especialmente, agreste, con profundos barrancones que hacen difícil el acceso a la mayoría de los plantíos. Los grupos criminales en ocasiones los reciben con disparos, cruzan cables entre los cerros para provocar accidentes en los helicópteros, o clavan estacas en el suelo. Por tierra, la orografía obliga a caminar horas para llegar de un plantío al otro, aunque estén muy cerca. La labor es doblemente dura porque en cuanto se erradica un plantío, el mismo comienza a ser sembrado nuevamente, en una zona que da hasta tres cosechas por año.

La labor, como decíamos, es durísima, muy costosa y desgastante. El Departamento de Estado de Estados Unidos dice que cerca del 94 por ciento de la heroína que se consume en ese país proviene de México, pero lo cierto es que no es posible que ese porcentaje sea real. La propia Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga sostiene que 90 por ciento de la heroína consumida en Canadá proviene de Afganistán.

¿Por qué insistir en que 94 por ciento de la que se consume en Estados Unidos proviene de México si la frontera con Canadá está prácticamente abierta y es mucho más sencilla de pasar? Los estados de la Unión Americana que más consumen heroína están, además, cerca de Canadá (Pensilvania, Rhode Island, Nueva York, Nueva Inglaterra, Filadelfia, Nueva Jersey y Washington DC, son los principales) y mucho más lejos de México, donde la frontera tiene infinitamente más controles que con Canadá.

Afganistán tiene 183 mil hectáreas sembradas de amapola, Myanmar 55 mil y México unas 24 mil hectáreas. Si Afganistán y en menor medida Myanmar son los principales proveedores de Canadá lo lógico es que si llegar a ese país es fácil para los traficantes, cruzar una frontera casi abierta como la que tienen con Estados Unidos sería doblemente sencillo que hacerlo desde México.

Quizás, la diferencia es que en Afganistán los productores son los llamados “señores de la guerra” que están enfrentados con los talibanes. En otras palabras, son los impresentables aliados de la Unión Americana los que producen y exportan la heroína. Algo muy parecido a lo que vivió ese país durante la guerra de Vietnam, donde la droga era producida por sus aliados y desde allí era traficada con complicidades de todo tipo.

Sin duda, hay heroína mexicana en Estados Unidos, pero no puede ser el 94 por ciento de la consumida. Mucho más de la mitad proviene de Afganistán y entra por Canadá. Pero es políticamente incorrecto decirlo. Por cierto, en Afganistán, no hay la menor labor de erradicación de amapola. Aquí participan en ella 19 mil soldados que cada día trabajan arriesgando su vida.

Son los mismos, por cierto, que con absoluta irresponsabilidad López Obrador y otros personajes acusan de cometer masacres y de asesinar jóvenes. Sin presentar, por supuesto, una sola prueba, pero poniendo de manifiesto su ignorancia y desprecio por quienes
realmente se sacrifican por el país. ¿Quiénes son, entonces, sus verdaderos aliados?

CIEN AÑOS DE EXCÉLSIOR

Excélsior, donde se publica esta columna desde el 2006, cumple el sábado cien años y lo hace en uno de sus mejores momentos. Toda la historia contemporánea ha pasado por estas páginas y se han sufrido los mismos éxitos y vicisitudes que ella ha conllevado.

La celebración se conduce con el espíritu de este Excélsior: un medio que se debe a sus directores editoriales, periodistas, colaboradores, fotógrafos, a todos los que trabajan diariamente en él. Celebran los que trabajan y ofrecen al lector su labor, la celebración es para celebrar a los lectores, no un instrumento de relaciones públicas.

Es un honor ser parte de esta gran fraternidad de comunicadores. A todos, comenzando por Olegario Vázquez Raña y Olegario Vázquez Aldir, a nuestros directores Ernesto Rivera y Pascal
Beltrán del Río
, una felicitación y un gran abrazo por estos primeros cien años.

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