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Tiempo, escritura y violencia.

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200222049-001Reflexiones:

Por Mario González Plata.

Aunque se escuche medio solemne, agradezco la invitación y de externarlo públicamente, de participar con una colaboración en este nuevo viento de posibilidades de letras periódicas, lo digo solamente como algo posible, como un viento de reflexiones y hasta donde dé el seso, críticas verdaderamente honestas, no tanto con el lector, sino consigo mismas. Cuando la crítica fuerte pero al mismo tiempo mesurada, digamos que equilibrada, se toma la molestia de introducirse en este pabellón de letras periódicas es posible que se hable cuando menos en el discurso, de buenos augurios, porque en lo contrario, seguiremos la inercia de las cosas al igual de un engrane de una maquinaria. Por consiguiente, lo que proseguirá se hará en forma periódica en el sentido de ciertas reflexiones sobre el sentido común, las cuales tienen su tiempo, su violencia y se presentan en el lenguaje de una escritura.

En la sobremesa de un café muy conocido en la ciudad y entre quienes lo frecuentan, como es muy natural, se dialoga, se dialoga bien y en buenos términos, no tanto y haciendo uso de un mamo-tropo en el sentido de una profundidad filosófica. No, nada de complicaciones o que tenga que ver con cuestiones intelectuales, porque el diálogo proviene de otro tipo de complicaciones; las cuales se ubican en el otro extremo del pensamiento, en aquello que tiene que ver más, con un proceso de reflexión del sentido común ante el mundo de la experiencia de la vida cotidiana.

Por lo que el diálogo que se forma o se produce fuera de esta experiencia es, medio raro y hasta cierto punto desconocido, Y es raro, porque lo raro está en aquello que casi nunca sucede, digamos que como acto reflexivo es inusual; puede ser una rareza completamente desconocida para la mayoría como por ejemplo, el comportamiento y concepción de los esquimales o los Azande africanos, ante la presencia de la muerte, del asesinato y de la violencia humana; pero esta rareza debe asumirse en gran parte, como producto de la experiencia de previas percepciones aunque muy escasas como se ha dicho; hay campos nudistas y son raros porque no está generalizado. Dejémoslo así, pues el “casi nunca” es más que suficiente, con ello basta y sobra, según la sabiduría de la tradición popular.

También se discute y aquí sí, aparece en forma abrumadora la estulticia que ronda por todas las mesas del café y barre como un espectro la mente de los pequeños colectivos, aquellos que acostumbramos el brutal consumo de esta bebida. Aunque he de agregar que la suerte está del lado de los cafeteros porque es un producto renovable, cosa diferente al atosigue del petróleo que un día se nos va a terminar. Mientras tanto, el petróleo que todo lo contamina a semejanza de nuestra clase política que no hace malos quesos para contaminar, aunque en el espacio político no se contamina la naturaleza circundante, sino la conciencia; coco se diría en un lenguaje popular, el cochambre que nos ha contaminado la cabeza.

La clase política se comporta con la ciudadanía como si fuera un enjambre de mosquitos chupa sangre. He de agregar que esta clase siempre se hace acompañar de un sector de intelectuales de gran personalidad, este sector pensante no sólo justifica, sino defiende a capa y espada, las bondades del orden del régimen político y económico.

Este acto intelectual una vez personificado por sus miembros componentes, proviene en unos casos, de situaciones sinceras donde prevalece la defensa de los propios principios, de aquellos que fundamentan según su perspectiva el orden actual de la convivencia humana, en unos casos se defienden principios y en otros, los actos de una corrupción intelectual al defender y venderse a las causas de cualquier postor.

¡Ha, moscos pícaros y desvergonzados! El comportamiento de la política siempre ha sido así, con sus triquiñuelas y sus dobles lenguajes, pero hoy con el doble de razones del lenguaje popular, la política hoy es sinónimo de trácala, de tranza, de mentira, de deshonestidad, de rapacería  y hasta de instintos bestiales. La política es como el tropo del humo a la distancia, que sin percibir el fuego realmente, el humo nos indica con certeza que también hay fuego.

Lo político en términos análogos es, el índice de un significado negativo del lenguaje, como algo que degrada la condición humana, como un acto delictivo y perverso, ello es pues, el significado que encierran los anteriores vocablos. En estos tiempos tan trivializados para que se entienda, puede hablarse del fundamento de un Estado trácala que obedece solamente a la rapacería de la corrupción, digamos que el discurso del mismo orden jurídico está construido con cimientos o fundamentos de un origen de desigualdad y corrupción.

Y por lo mismo, ese origen incrementa y fomenta la corrupción. ¡Como se quiere hacer iguales a los desiguales! Si es en un discurso de ficción está perfecto, es un discurso virtual y la virtualidad en lenguaje llano es una mentira. No es fortuito el ascenso de la tecnocracia y el descaro de su lenguaje que de por sí, también está corrompido.

En términos de una metáfora y su perspectiva, creo que puede ser tratado cualquier problema que suscita cierta discusión en el ambiente de esas veladas. Por lo que las discusiones son análogas a los puntos de vista que pudieran externarse por ejemplo, sobre si, Hugo Sánchez es mejor que el vasco Aguirre.

 ¡Que si el Presidente le habló desde los Pinos a este último! ¡Que cómo no iba a aceptar si se había quedado sin chamba en España! ¡Que hora sí, ya estamos en el mundial! Se escucha algo así  también, ¡Que bueno que gane la selección! Se requiere algo que levante el ánimo ante tanto desbarajuste social y aunque al susodicho le importe un pepino el fut bol. Es la opinión del sentido común, tal el modo en que puede operar por ejemplo; sobre la actual crisis económica, sobre la corrupción política, sobre la violencia descarnada e impunidad de grupos armados, sobre el papel del ejército, su ineficiencia y los abusos de sus boinas verdes y rojas, lo mismo que de la PFP y la policía municipal.

Por cierto y haciendo un paréntesis, este desmadre, porque es un desmadre que sucede en la vida de la sociedad y no nos espantemos, llamemos en lenguaje popular al pan pan y al vino vino, en esta ciudad vulnerada donde sus habitantes sufren las consecuencias, desde situaciones económicas reales de bolsillos vacíos, hasta secuestros, muertes o violaciones por sacar aquello que no hay en los bolsillos.

En el momento esto ha llegado a tal grado de alarma en dos sentidos: No se piense en el catastrofismo de una revolución, no sabemos ni quienes somos, ni como le entraríamos a ese mere que tengue social; como chascarrillo pasa, pero no deja de ser un chascarrillo.

Deberíamos darnos cuenta primero, de que nuestra animalidad aparece hoy en extremos inconcebibles, la violencia rebasa todo lo significado hasta el momento y con el más grave delito, donde el mismo lenguaje no puede o simplemente, se niega a significar la brutal violencia, por pudor o por vergüenza;

Y en el segundo aspecto, las libertades fundamentales se ven vulneradas cotidianamente, y ahí están las violaciones a casas habitación, las detenciones arbitrarias a personas que caminan, sobre todo en las calles del centro de la ciudad o las detenciones a conductores de vehículos con el pretexto de  búsqueda armas y drogas. Sus “revisiones preventivas” son en realidad detenciones punitivas violadoras de la Constitución y por lo mismo, comportamientos que pertenecen al orden de sociedades autoritarias y fascistas.

La paranoia que se vive actualmente en la sociedad juarense y en la mexicana en general, consiste en que los cuerpos policíacos han convertido al ciudadano en un sospechoso de los actos delictivos que pululan en la sociedad con una carga de violencia desmedida. Proseguirá…

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