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Sucesiones

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Sergio ArmendárizPor Sergio Armendáriz

El ya muy próximo 2010 traerá al Estado y a Ciudad Juárez toda una cauda de implicaciones políticas, no solamente en el ya sabido ámbito de municipios y gobierno estatal, sino también en una institución educativa de singular trascendencia para la entidad como de hecho lo es la Rectoría de la UACH.

El contexto social y político del Estado es peligrosamente turbulento, por lo tanto, resultaría lamentable que dicha atmósfera se convirtiera en un factor de riesgo para la institución que actualmente se encuentra implicada en importantes procesos de validación y certificación académica. En este preciso escenario se encuentra situada la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales que opera en el Campus de Ciudad Juárez y que renovará Dirección, con extraordinario esfuerzo encarando el referido proceso de evaluación institucional que ya le ha significado importantes reconocimientos por parte de instancias objetivamente identificadas como organizaciones especializadas en el vital ejercicio de evaluación educativa, tanto propiamente académica como integralmente institucional.

La historia de la FCPyS en Ciudad Juárez es efectivamente compleja, con algunos periodos largos de inestabilidad y conflicto; etapas que le significaron un arduo trabajo de gestión relativo a rescatar o quizá a activar una imagen pública que durante prolongado periodo amenazaba con hacer naufragar la misión y la visión del mencionado espacio de profesionalización, amagando con la presencia indefinida de un desgaste brutalmente agobiante.

Es claro y por demás evidente, que la naturaleza de la Facultad propicia el ejercicio continuo de la crítica, el debate y por supuesto también de la polémica; hoy más que nunca la política representa un objeto de estudio que debe ser construido con método riguroso, con afán de verdad y objetividad, sin transigir con la simulación o las complicidades parasitarias al trabajo académico, sin embargo, en la misma lógica, el espacio institucional que genera las condiciones para tal actividad intelectual, debe blindarse con la fortaleza académica y de gestión que permitan la reproducción culturalmente legítima de los saberes en cuestión, cosa que conduce inevitablemente a la vigencia de un código civilizado de sucesión y transferencia de mandos.

En la FCPyS de la UACH, por experiencia profesional propia, se puede actualmente promover la libertad de pensamiento, académica y de expresión, el modelo educativo de aprendizaje es tan amplio y generoso como la disposición inteligente comprometida con la formación pedagógica permite.

Por eso, con ánimo de consolidar desde el proceso académico la vida universitaria, creo conveniente en lo personal, proponerse asumir una actitud que privilegie las virtudes de estabilidad y crecimiento ya logradas en el desarrollo histórico de la Facultad, sin que esto signifique callar las bondades de las visiones alternativas emergidas del espíritu universitario mismo, así como de la condición política característica de todo proceso sucesorio institucionalizado.

Tengo la respetuosa impresión, desde la distancia autoreconocida, que el esfuerzo ha sido grande y en ocasiones no carente de dolor institucional, y ante esa premisa, considero que de cara al 2010, hay que reconstruir desde lo construido, la pura destrucción es apuesta insensata y generalizada de colapso anunciado, por si falta hiciera.

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