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SIMILITUDES.

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Por Manuel BARTLETT DIAZ./ 7 de Junio/

Las explosiones sociales en Túnez, Egipto, Yemen y más  cercanas  Grecia y España, exhiben dramático distanciamiento entre  pueblos y gobiernos independiente de signos: dictaduras, cleptocracias,  democracias. Los reclamos indignados, la desesperación de esas masas divorciadas  del poder, desbordan el orden establecido que responde sorprendido prometiendo reformas y a la vez reprimiendo violentamente.

Imposible afirmar que México es ajeno a esas realidades explosivas conociendo los indicadores económicos y sociales que describen injusticias envueltas en el clima de inseguridad física que amenaza a todos  los estratos, terrorismo que termina como útil cortina que oculta la descomposición social para beneplácito del espectáculo macabro cotidiano, que las televisoras comercializan ávidamente.

La actuación de la clase gobernante  mexicana no difiere de aquellos dictadores confiados en sus sistemas políticos resguardados por ejércitos modernizados con armamento comprado con sacrificios sociales a las potencias. Sistemas barridos en horas y ejércitos enconchados pretendiendo garantizar reformas que no llegan; o la catástrofe electoral del Partido Socialista Español repudiado por su ortodoxia conservadora y  enorme distancia de los reclamos en las plazas españolas.

Calderón invita a Cristina Kirchsner a colaborar en su guerra antinarco, sordo a la  convocatoria de la Presidenta  a  comprometerse  por la igualdad de la región. Calderón presume un gobierno humanista, en infrahumana pobreza y concentración económica; excita al Congreso a  aprobar una reforma laborar impertinente profundización neoliberal cuando el  mundo capitalista se resquebraja por estas políticas.  Persiste en su ley de seguridad legalizadora de la militarización. Todo ajeno a los reclamos de la mayoría; receptivo a  las elites urgidas de liberarse de compromisos sociales y reformas políticas que sólo interesan a dirigentes enquistados.

Que mejor ejemplo del divorcio entre dirigentes y ciudadanos que la reforma política votada  por el Senado. Aprobaron la impopular reelección de Senadores y Diputados, propuesta de la derecha consciente de su capacidad para financiar reelecciones.  Afirman  que por la reelección atenderán a su comunidad, visitarán más sus distritos, los ciudadanos con su voto castigarán, habrá rendición de cuentas y profesionalización legislativa.  En contra se reconoció la   deslegitimización del legislador; el control político determinará las reelecciones, significa enquistamiento de una elite, oligarquía parlamentaria favorecedora de vínculos entre legisladores y grupos de interés, freno a la renovación, profundización de la brecha entre dirigentes y bases partidistas.

La reelección, las candidaturas independientes, las iniciativas ciudadanas, las ratificaciones de funcionarios y demás figuras del proyecto beneficiarán a la oligarquía contraria a las necesidades populares.

Se preserva el poder a los mismos intereses que han impuesto al país la fractura y el sometimiento a trasnacionales.  Esa  estructura de poder lejos de reformarse se fortalece.

Se mantiene el duopolio televisivo cómplice del poder político con su capacidad de manipulación electoral, pese a la prohibición de compra  de propaganda devenida burla. La involución de los organismos electorales convertidos en cuotas partidistas, cumplen compromisos.   El Tribunal Electoral sanciona a las televisoras no a los beneficiarios, sanciones finalmente canceladas por el IFE  partidizado.

La antidemocracia en el Congreso con el control del dinero por los dirigentes que imponen sus intereses y la antidemocracia en los partidos sometidos a oligarquías intocables, predefinen quienes manejaran elecciones, reelecciones, iniciativas ciudadanas.

El sistema era seguro suponían Ben Ali, Mubarak y Zapatero expulsados precisamente por ajenos a sus  pueblos.   Estamos  cerca,  hay grandes similitudes.

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