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Poderes

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Por Sergio ARMENDARIZ./

A raíz de los crímenes de alto impacto en Chihuahua, se viene dando una muy importante reflexión en torno a los roles que juegan los tres poderes que sustantivan al Estado como aparato que ejerce el poder político al mayor nivel institucional en nuestra entidad federativa. Ejecutivo, Legislativo y Judicial, se ven hoy envueltos en Chihuahua en una polémica en torno a su funcionalidad así como a su verdadero o formal rango de autonomía, la producción institucional que de manera vital debe caracterizarles en el sistema de pesos y contrapesos que da sentido y posibilidad al régimen democrático en el que de manera formal asumimos vivir.

La representación ciudadana es la obligación fundamental del Estado, por supuesto también la garantía de proteger la convivencia legalmente civilizada de los ciudadanos que le dan vigencia al pacto democrático, última razón de ser del poder estatal. En el estado de Chihuahua y de manera especial en Ciudad Juárez, la situación de emergencia social ha llevado a reflexionar profundamente en torno al sentido y ejercicio del poder político estatal, en sus dimensiones legales de obligación constitucional. Sin embargo, el poder estatal sin el sustento de una ciudadanía organizada y también autónoma, nada puede hacer para enfrentar, contener y superar la emergencia que la violencia impone.

La calidad de las organizaciones de la sociedad civil es fundamental para trascender con posibilidades de éxito el desafío de la inestabilidad social que se cierne de manera peligrosa en la entidad. La calidad de la ciudadanía es un factor de fundamental importancia para acceder a estados de convivencia de mayor nivel; el capital social es hoy una necesidad de equilibrio político, ya resulta insuficiente a todas luces el viejo esquema de agrupamiento corporativo, la visión electoralista topa límites en la conducción de la vida colectiva, los acarreos gloriosos de un régimen más preocupado por la urna que por la inteligencia, son hoy una pálida sombra, una figura espectral del ejercicio democrático.

La estabilidad política en el estado, específicamente en Ciudad Juárez, ya no se reduce con indeseable simpleza a los espectáculos electoreros con tiempos acotados. Los partidos políticos no pueden continuar en el autoengaño de suponerse los únicos actores reales de la democracia concebida como mercancía lucrativa para el goce de unos pocos, por el contrario, hoy los actores de la política se redefinen de manera estratégica, empiezan a verse las verdaderas dimensiones de una sociedad civil organizada, una ciudadanía que busca la independencia de los vínculos clientelares con el Estado, impulsada por la urgencia de una situación social que demanda precisamente inteligencia, organización representativa, capacidad de convocatoria y movilización, posibilidades de activar formas de presión cívica en el contexto de la vida dentro del amparo de las instituciones.

Es urgente que los poderes formales del Estado en Chihuahua visualicen con inteligencia y respeto al tejido de organizaciones de la sociedad civil, no para intentar nuevas formas de cooptación clientelista con propósitos de revivir la momia corporativa, tampoco para barnizar de legitimidad de consumo táctico al escaso voto ciudadano, nada de eso le significa ya al estado social ganancias en la lucha contra el fantasma cada vez más real de la desestabilización social. Lo que es vital en este momento es la reconstrucción de un capital social que trascienda el estilo de dependencia política de ciudadanos de baja calidad y mínima participación, en rumbo a ciudadanos de calidad democrática y efectivamente participantes en la vida de la república, de la encarnación de ésta en el estado, en la ciudad.

El arreglo de cuentas entre los poderes formales no rendirá nada valioso si tiene como telón de fondo un cuerpo ciudadano simplemente espectador, aplaudidor o bostezante. Es tiempo de una ciudadanía organizada de manera independiente del Estado, un pueblo con rostro inteligente y solidario con la solución de sus problemas reales.  Basta de suspicacias oportunistas, si los poderes constitucionales en Chihuahua no entienden que la ciudadanía es mucho más que una simple masa de votantes, los poderes fácticos terminarán con una trágica faena que ya llevan ciertamente adelantada.

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