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PEDAGOGIA MAFIOSA

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SergioPor Sergio Armendáriz.<>

Todo el revuelo causado por las declaraciones del Alcalde del municipio de San Pedro Garza, Nuevo León, refleja una crisis estructural que se gesta de viejo tiempo atrás en el país. Es, de fondo, un asunto de mutación de lo que puede identificarse como pedagogía mafiosa.

 El anterior modus operandi de la mafiosidad, consistía en una línea “civilizada” de instrumental moderación; orientada a utilizar al máximo los aparatos estatales, con búsqueda sistemática de complicidades; alianza en un sistema orgánico de corrupción, con la existencia de una especie rara de código de transacción y ajuste de cuentas o vendettas, delimitadas en un marco bajo control estratégico de los aliados.

Hoy, la lección radica en mostrar una prepotencia autónoma de la delincuencia organizada en el sistema politicomafioso. Choque frontal con un Estado que pasó de ser una especie de aliado-juez, para convertirse en un aliado-aliado con alguno de los organismos delincuenciales existentes. Se vive en toda su dramática brutalidad la disputa por el control del mecanismo permisivo y clientelar del Estado en el ámbito del comercio ilegal de estupefacientes; disponer sin límites de la administración pública obligando a la obediencia de los políticos condescendientes, empáticos o incluso, asociables.

A final de cuentas se trata de estructurar de manera estable un sistema de actividades económicas ilegales dotado de la misma fuerza y de los mismos privilegios de un aparato público; controlar la economía privada –las actividades legales-, sometiéndolas al particular régimen impositivo de la extorsión, dominando también segmentos importantes de prácticas lucrativas informales. Se observa hoy un terrorismo mafioso, impregnado de acciones de bandolerismo urbano, sin los complejos reverenciales de la vieja mafiosidad. Soberbia violenta de grupos fácticos que consideran inaceptable la existencia de obstáculos insuperables en el negocio que procesan.

Convencidos, no sin razón, de la extrema vulnerabilidad de un aparato estatal infiltrado hasta la médula por el fabuloso mercado, se decide ir con todo rigor y cinismo por conservar los privilegios en riesgo. En el sentido de esa lógica se propone la ecuación de vida y gracia para los “amigos”, infamia, tortura y muerte para los enemigos, se da el paso de la violencia concebida como símil de la práctica militar, a la pura y simple barbarie.

Hoy, la estructura del Estado, en algunas de sus ínsulas, amaga con mimetizarse en la nueva pedagogía mafiosa de su viejo aliado. Es en el fondo también, el reconocimiento de un Estado que hace tiempo se ha metido en una dinámica de fallida legalidad, que se metamorfosea amagando con acudir al modus vivendi y operandi de los grupos que devastan las estructuras maltrechas de lo que aun se reconoce como Estado de Derecho.

 Es por supuesto inaceptable, que el Estado asuma ya de una vez por todas, una fatídica pertinencia de operar en un esquema políticomafioso para enfrentar lo que se llame crimen organizado; pensando todavía en los canales de una lógica jurídica que discierna aun lo legal de lo ilegal, de un marco normativo que resulte algo más que un simple instrumento de golpeteo político para agandallar cretinas ambiciones electoreras.

Vienen ya con toda su pavorosa inminencia los procesos electorales de 2010 y 2012, sin duda, algo tendrán que hacer los potenciales candidatos para desmarcarse de las formas y reflejos de la pedagogía mafiosa. Sigue siendo la hora de la sociedad civil, de los grupos inteligentes, no más de las hordas terroristas.

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