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NORIEGA, BUENDíA, LA CíA Y EL NARCO

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Por Jorge FERNáNDEZ MENéNDEZ./ 1 de Junio./

Hay historias sórdidas que terminan relacionándose una y otra vez. Un día antes de que se cumplieran 33 años del asesinato del notable periodista Manuel Buendía, moría el dictador panameño Manuel Noriega, un personaje casi paradigmático del entrecruzamiento de la Guerra Fría con la guerra contra el narcotráfico que marcó las últimas décadas del siglo XX.

Noriega había sucedido a un verdadero líder popular, el presidente Omar Torrijos, muerto en un nunca esclarecido accidente de aviación, y había sido, simultáneamente, agente de la CIA y de la DEA (que no estaban exactamente en buenos términos en aquellos años, pues ellas mismas reflejaban el entrecruzamiento de aquellas dos guerras que confluían y chocaban: la fría y la de las drogas), había apoyado a los sandinistas y a la contra nicaragüense, trabaja con el cártel de Medellín y lavaba dinero y permitía el transporte de drogas de Pablo Escobar en su territorio, aunque también tenía acuerdos con el cártel de Cali, y tenía relación y apoyaba, cuando no los traicionaba, a los guerrilleros del M19.

La historia terminó cuando quien había sido su jefe en la CIA, el entonces presidente George Bush, decidió invadir Panamá para detener a Noriega y llevarlo ante tribunales estadunidenses acusado de narcotráfico. Pero también para terminar de acallar una historia en la que Noriega había tenido un papel fundamental. La misma que había comenzado a develar, quizás involuntariamente, Manuel Buendía y por la que fue asesinado: la participación del narcotráfico colombiano y mexicano en el Irán-Contras y el apoyo a la contra nicaragüense desde Panamá y Honduras.

El esquema operacional de aquella asociación pasaba por varios capítulos que hemos explicado en los libros Narcotráfico y Poder, El Otro Poder y La Batalla por México, publicados en 1998, 2001 y 2006, respectivamente. Simplificando una trama que era mucho más compleja, la CIA estableció un compromiso en el cual los narcotraficantes de Colombia y México apoyaban a la Contra nicaragüense transportando armas para ellos y entrenando a sus hombres, a cambio, en el caso de México, de que en los mismos vuelos en que llevaban las armas a Honduras podían traer cocaína a nuestro país. El entrenamiento se realizaba en ranchos de los narcotraficantes, como el célebre El Búfalo de Rafael Caro Quintero. En ese acuerdo participaban funcionarios de la Dirección Federal de Seguridad, y de la Procuraduría, y también algunos militares.

Cuando Buendía escribió sobre el tema unas semanas antes de ser asesinado no tenía aún todas las piezas y tampoco sabía hasta dónde llegaba esa trama, pero sus investigaciones, precisamente, a partir de sus buenas relaciones con miembros de la DFS, estaban muy bien encaminadas. No se lo eliminó por escribir sobre el narcotráfico y sus complicidades, sino para encubrir el Irán-Contra. Un año después fue asesinado Enrique Camarena, el agente de la DEA que descubrió aquella operación que se hacía a espaldas de la agencia antidrogas: su muerte terminó por reventar esa operación, llevó a la cárcel a Caro Quintero y Ernesto Fonseca y, de paso, acabó con la precandidatura presidencial de Manuel Bartlett, el ahora aguerrido senador morenista del PT que entonces era un durísimo secretario de Gobernación. Su hombre más cercano, el director de la Federal de Seguridad, José Antonio Zorrilla, fue detenido durante el gobierno de Carlos Salinas, acusado de ordenar el asesinato de Buendía. Otros personajes claves de la DFS de esa época como Jorge Miguel Aldana Ibarra y Florentino Ventura, en la Policía Judicial Federal y en la Interpol-México, también fueron acusados de relación con el narcotráfico y grupos paramilitares (uno fue detenido, el otro se suicidó), y agentes de la DFS se reconvirtieron a su vez en algunos de los principales operadores de los cárteles del narcotráfico.

Pero en el escenario global se daba un cambio que también obligaba a esconder toda esa trama: llegaba a la presidencia de los Estados Unidos el exdirector de la CIA y exvicepresidente, George Bush. Casi todos los principales operadores de aquella sórdida historia terminaron muertos o detenidos, desde Pablo Escobar hasta Manuel Noriega, pasando por los principales narcotraficantes mexicanos de la época o agentes como Oliver North, organizador directo de aquella trama.

La caída de Noriega los asesinatos de Buendía y Camarena están unidos por una misma historia, la que cambió en buena medida la nuestra como país.

 

ÓSCAR GONZÁLEZ y GROUCHO

El jueves pasado, está grabado y fue divulgado por Milenio, el candidato del PT al Estado de México, Óscar González dio ante sus compañeros un largo discurso explicando todas las traiciones y malas jugadas de López Obrador y Morena en contra del PT, incluyendo algunos escabrosos detalles de financiamiento paralelo. Doce horas después estaba declinando en favor de Morena. Para explicar el cambio radical de posición dijo que le habló Andrés Manuel y le dijo “no seas canijo”. Eso fue suficiente. Como diría Groucho Marx, “si no les gustan mis principios, aquí tengo otros”.

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