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MICHOACANAZO.

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por Luis VILLEGAS MONTES./ 30 de Mayo./

Hay un montón de asuntos en la vida cotidiana de las personas, de signo confuso o equívoco. Por no ir muy lejos, a estas alturas del partido todavía no sé si ya me sacaron del idem o todavía estoy en él. Es decir, luego de varias semanas, todavía no sé si todavía soy panista, si ya soy expanista o soy un panista entre azul… y buenas noches. Dios dirá.

La reflexión anterior porque estoy que no quepo en mí. Y eso ya es mucho decir porque estoy más rechonchito que hace un año, por ponerle una fecha a este asunto de ser más yo a cada día que pasa. Y estoy que no quepo en mí por la simple y sencilla razón de que no sé cómo interpretar los acontecimientos que desde la tierra de Pito Pérez conmueven a aquellos que pertenecen a la clase política y a aquellos otros que estamos en un tris de dejar de serlo.

Previo a continuar, le comento, gentil lector, amable lectora, que por “Michoacanazo” se entiende el fallido intento del Gobierno de la República de entambar a un grupo de alcaldes a los que se acusó de tener vínculos con el crimen organizado. El asunto quedó en agua de borrajas y al final hubo que pedirles disculpas a todos por el abuso y la incomodidad de mancharles las yemas de los dedos y la reputación.

Pues al margen de ese ridículo a cargo de la PGR, Michoacán vuelve a estar en el centro de la escena nacional con el asunto de la candidatura única. Y me anticipo -como diría Luis Echeverría, no estoy a favor ni en contra, sino todo lo contrario-: En esa inquietud veo una realidad como aquella que se vislumbra a través de una persiana: Franjas de luz y de sombra.

Los aspectos luminosos son obvios: Una coincidencia de este tipo podría constituir la antesala de un pacto que involucre a las tres fuerzas políticas nacionales de más peso en el país, a efecto de que se pongan de acuerdo sobre qué hacer y cómo hacerlo para salir de este bache que ya parece más el laberinto de Dédalo. Eso sería bueno.

Ahora bien, Michoacán no tiene la población sulfurosa de Edomex; ni ha escrito una página de rebeldía en la historia patria, como hizo Chihuahua; ni ha tenido un “Gober Precioso” -como Puebla-; ni el primer Gobernador de oposición se eligió en su territorio -ésa fue Baja California-, a pesar de que el PRD lo gobierna desde hace doce años; y ni siquiera tiene tantos moles como Oaxaca; ¡ah! Pero Michoacán, así como usted lo ve, con todo y su nomenclatura impronunciable y festiva (Tangamandapio, Acalpican, Tócuaro, Tzintzuntzan, Rancuátaro, Cuanajo, Opopeo, Angao, Erongarícuaro, etc.), ha dado tres presidentes de la República: Pascual Ortiz Rubio, Lázaro Cárdenas y Felipe Calderón. Por cierto, este recuento, me trae a la memoria unos versos que leí hace ya muchos años:

Oaxaca nos dio caudillos, y Coahuila caudillejos; Sonora nos dio dos pillos y Michoacán… ¡Ay! ¡Qué lindo es Michoacán!”.

Pues bueno, ese Michoacán, repito, tan fructífero en regalarnos próceres para la dolorida Patria, ahora nos desvela con la noticia de que podría celebrarse un acuerdo político en el que la hermana del citado Presidente de la República, Luisa María Calderón, se erigiría como la candidata de unidad de todas las fuerzas políticas locales.

El lado oscuro de este acuerdo, para decirlo como lo diría Luke Skywalker en la Guerra de las Galaxias, tiene distintas lecturas; en primer lugar, una serie de preguntas ineludibles a partir de la lectura de diversas notas periodísticas: “¿Felipe Calderón tiene, en esta súbita y sospechosa unanimidad, algún tipo de responsabilidad?”. Si sí, ¿qué ofreció, qué negoció, para qué? En segundo lugar: ¿Efectivamente la iniciativa fue “platicada en Los Pinos”?. En tercero: ¿Dónde empieza y dónde termina el interés de los empresarios que están detrás de la propuesta? Cuarto, formalizado el acuerdo, ¿cómo se acomodarían las calabazas en el caso de las diputaciones y alcaldías? Ésas son unas pocas de las interrogantes que urge despejar.

Y urge, porque en un país donde el escepticismo es el único modo de creer en cualquier cosa, desde nuestra incipiente y tambaleante democracia hasta los Reyes Magos, es necesario explicarnos con frijolitos los qué, los cómos y los porqués de cualquier acuerdo que se adjetive como “político” o que, por su naturaleza intrínseca, trascienda y rebase la esfera de lo público.

Sobre el particular, lejos de tratarse de la mera preferencia electoral de los ciudadanos (o la cancelación de la misma), se trata de un asunto que se vincula íntimamente con la transparencia en la actividad pública y la responsabilidad política y ética de quienes, en razón de su oficio (partidos políticos y servidores públicos), están obligados a respetar la forma y el fondo en su toma de decisiones.

Muchos de los integrantes de la clase política de este País, de cualquier signo, en tiempos recientes y remotos, han incurrido en yerros monumentales; el peor de todos, quizá, es y ha sido actuar en nombre de un “interés colectivo” que serían incapaces de reconocer aunque volvieran a nacer o lo tuvieran parado enfrente de sus narices.

Estos intérpretes de la voluntad popular, una y otra vez, del PRI, del PAN y del PRD (del PANAL, PVEM, Convergencia y PT mejor ni hablar), nos han dado muestras de que sus intereses giran en torno a una clase empresarial mezquina y voraz, en el peor de los casos, o a situaciones de coyuntura, en el mejor, donde los ciudadanos oficiamos de chinitos por aquello de que nomás nos quedamos “milando”. Sería bueno saber en definitiva quién es el artífice de la propuesta y porqué resulta o podría resultar viable; además y sobre todo, en qué beneficiaría esta medida a los habitantes de Tancítaro o cualquier otro punto de la geografía michoacana, sólo por poner un ejemplo. Lo anterior porque, si de veras funciona y resulta que Michoacán se convierte en el paraíso de la legalidad y del orden, sería bueno exportarla a otras latitudes, usted lector, lectora, elija.

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