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MAYOR CORRUPCIóN: SARMIENTO

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Por Sergio ARMENDáRIZ./12 de Abril./

¡Es la corrupción, estúpido! En un país que se muestra cada vez más decepcionado y escéptico, la corrupción se ha convertido en uno de los temas más dolorosos y más importantes para la política.

México siempre ha sufrido un serio problema de corrupción, pero hoy los casos de una serie de gobernadores acusados de corrupción han colocado el tema en el centro de la atención nacional.

La gran pregunta es si la corrupción ha aumentado o si simplemente se ha vuelto más visible. Si preguntamos a la gente, no tiene duda. La corrupción hoy no tiene comparación. Ahí están los casos de los exgobernadores Tomás Yarrington (quien, sin embargo, fue gobernador hace años, de 1999 a 2005), Javier Duarte, César Duarte, Roberto Borge y Guillermo Padrés.

El problema es que no hay mediciones de la corrupción. Ni el Inegi ni ninguna otra organización tiene estadísticas fiables sobre el tema. Quienes pagan o reciben dinero de la corrupción no reportan las transacciones. Los indicadores que tenemos son en buena medida de percepción de la corrupción, como es el caso de los índices comparativos internacionales de Transparencia Internacional, mientras que los que buscan registrar casos de corrupción sufridos directamente por la población, como el de Transparencia Mexicana, registran fundamentalmente los actos de pequeña corrupción, como los que se necesitan por ejemplo para obtener una tarjeta de circulación, pero no los que generan las grandes transacciones, que son las que tienen un mayor costo económico.

No sé si las acciones legales contra gobernadores abusivos significan que hoy hay más corrupción. Otra posible explicación es que los gobernadores siempre han sido corruptos, pero hoy por primera vez hay acciones en contra de algunos de ellos.

Los partidos políticos, y en especial el PRI, buscan deslindarse de los gobernadores acusados de corrupción. La verdad, sin embargo, es que no lo hicieron en su momento. Los corruptos se convierten en un lastre político cuando dejan el poder y son exhibidos públicamente, pero mientras están en el gobierno son aliados poderosos, convenientes y hasta generosos.

México tiene ya un Sistema Nacional Anticorrupción. No es la Comisión Anticorrupción que contemplaba Enrique Peña Nieto, y que durante su campaña preparaba Emilio Lozoya, quien al final dirigió Pemex; pero los especialistas en el tema me dicen que es una institución bastante bien diseñada. Falta el fiscal anticorrupción, que sería una pieza crucial, pero su nombramiento se ha atorado en medio de discusiones políticas.

Lo que es muy claro es que no podemos mantener un sistema en que se realicen auditorías y seguimientos meses o años después del ejercicio. La corrupción surge cuando hay exceso de regulaciones, pero también oportunidades para abusar. No es un problema cultural, como dice el presidente, sino de instituciones. En un sistema realmente abierto, en que las transacciones gubernamentales son absoluta e inmediatamente transparentes, se vuelve difícil encontrar oportunidades de corrupción. La oscuridad promueve la deshonestidad.

El tema, sin duda, será muy importante en las elecciones del 2018. La corrupción es uno de los factores centrales en el hartazgo de los mexicanos con los políticos. El reto para el nuevo Sistema Nacional no es sólo reducir la corrupción, sino cambiar la percepción de que la corrupción es un problema cultural al que tenemos que acostumbrarnos por el simple hecho de ser mexicanos.

Sobreventa

United Airlines tomó la decisión de sacar por la fuerza a un pasajero de un avión sobrevendido en Chicago. La regulación que permite a las aerolíneas sobrevender vuelos, por lo que pueden negar servicio a clientes que ya han pagado, es un abuso inaceptable.

Twitter: @SergioSarmiento

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