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DÍAZ Y LA TOMA DE JUÁREZ.

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Por Cruz PÉREZ CUÉLLAR./17 de Mayo./

En los últimos días en Ciudad Juárez se han llevado a cabo diversos eventos que conmemoran el Centenario de la Toma de Juárez por las fuerzas revolucionarias el 11 de mayo de 1911 y la firma de los Tratados de Paz mediante los cuales Porfirio Díaz renunció a la Presidencia de la República para posteriormente abandonar el país.

Por supuesto que da mucho gusto que nuestras autoridades celebren nuestra historia y de esta manera infundan en nuestra juventud el amor a México y el reconocimiento de la relevancia que el antiguo Paso del Norte ha tenido en la historia nacional, no en vano el lema de nuestra ciudad es “Refugio de la Libertad, Custodia de la República” en clara alusión a los días en que nuestra ciudad fue la sede de los Poderes Federales con Benito Juárez como titular del Ejecutivo durante la intervención francesa.

De cualquier manera me es inevitable señalar que nuestra historia sigue siendo una mala copia de la historia oficial que durante muchísimos años se inculcó en las aulas de todo el territorio nacional en donde se nos enseñaba que en la construcción de esta amada patria los protagonistas de esa historia se dividían entre buenos y malos; que digo entre buenos y malos, entre dioses y demonios, en donde de un lado estaba la verdad absoluta y del otro la traición a la patria.

Lo señalo porque leí en prácticamente todas las publicaciones una afirmación determinante: “La Toma de Juárez obligó la renuncia de Díaz y llevó al triunfo de la Revolución”

Es decir, ningún reconocimiento a la decisión del General Díaz de renunciar al poder que había ejercido por más de 30 años para evitar una guerra civil. Que quede claro, no estoy defendiendo a Porfirio Díaz que sin duda cometió excesos imperdonables (como los cometieron Villa, Zapata y casi todos los caudillos) que ejerció el poder de manera absoluta y que desconocía la palabra libertad. Lo que estoy diciendo es que caemos una vez más en la tentación oficialista por llamarla de alguna manera de buenos y malos, blanco y negro como si no existiera otro color.

Soy un convencido, por lo que he leído, que Díaz no sólo tuvo cosas malas, pacificó al país, desarrolló la obra pública de infraestructura que modernizó al país, trató de equilibrar los intereses de los norteamericanos con inversión europea, por mencionar algunas que recuerdo, como también lo que dijo el intérprete de Porfirio Díaz en la entrevista que sostuvo el 16 de octubre de 1909 con el presidente William Taft, que también se desarrolló en ciudad Juárez, y que fue la única persona que estuvo presente en la conversación además de los dos presidentes, después de negarse a revelar el contenido y ya con Díaz en el exilio lo que mencionó fue: “lo único que puedo decir es que el General Díaz es un patriota”

En fin, creo que una cosa más que el General Díaz hizo correctamente fue dejar el poder de forma pacífica porque si bien es cierto la Toma de Juárez no lo obligó a renunciar sí alentó levantamientos en muchas partes del país y prefirió con su decisión tratar de evitar un baño mas de sangre en México.

Ahora nuestra sociedad es cada vez mas crítica, ya no admite la sola promesa esperanzadora de los políticos, ahora les exige que cumplan cuando llegan al poder, y protestan, se manifiestan en grandes grupos para reclamar lo que de hecho es suyo, no por adquisición directa pero sí por derecho, por justicia, pues así se los prometieron si votaban por tal o cual candidato.

Es imposible convencer a los mexicanos de que el actual gobierno federal es completamente bueno, lo admito desde mi postura panista desde donde veo sus errores –porque los tiene-, ni qué decir de la inseguridad, el despliegue de fuerzas armadas en contra del narcotráfico y con ello la dispersión de éste; pero también es evidente el descontrol en el tema de inmigración y la masacre de centro y sudamericanos en territorio mexicano, y otros.

Pero mi posición crítica no puede dejar de reconocer los grandes aciertos del gobierno de Felipe Calderón, el buen manejo de la economía (sobretodo cuando arreció la crisis de Estados Unidos que hizo epicentro aquí); pero también en el tema de Educación ahora todos los niños en el país tienen acceso a Preescolar, Primaria y Secundaria, cuando una década atrás había un 11 por ciento que no tenía esperanzas de ello; en Salud es innegable que la administración de Fox y posteriormente la de Calderón lograron incrementar en un 85 por ciento la cobertura ciudadana que equivale a unos 33 millones de mexicanos más.

En fin, no todo es blanco o negro, mas bien hay quienes así lo quieren ver, y en esa cerrazón buscan ofuscar la visión de otros que tienen la oportunidad de juzgar desde un plano neutro –ajeno a los partidos o ideologías políticas– a quienes se encuentran en el ejercicio de gobierno, donde todos cometen errores, pero hay que decirlo: unos más que otros, y el actual no es la excepción, aunque si es excepcional el avance obtenido en los rubros.

A cien años de la Toma de Juárez hay vicios que no se han podido erradicar pero la gran diferencia radica precisamente en la política, donde la democracia va dando muestras de que es posible vivir en un mundo mejor, donde el monocromo quede atrás y dé paso a la crítica natural, completamente objetiva.

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