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LA MECHA CORTA DE ANDRÉS

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Por Raymundo RIVA PALACIO./18 de Abril

Quien no es pasional no puede ser un buen político. La política se siente, se vive, se sufre y se disfruta; no por nada es la búsqueda del poder. Anteriormente se le conocía como un arte, hoy es una ciencia que se estudia en las universidades y, a diferencia de otras materias, está en constante desarrollo y actualización.

El político, aun con estrategia, estudios, asesores, community managers, publicistas, escritores, historiadores y comunicólogos, es al final un hombre. En el estudio de la ciencia política también se analiza la psicología, la más estudiada es la del personaje.

¿Qué pasa con Andrés Manuel López Obrador como político y como hombre? No se puede negar que es un estratega, un hombre que piensa y que ha dedicado su vida a ser un personaje de poder.

¿Dónde está la falla, desde mi punto de vista, en este personaje político? En que al igual que todos, es un hombre y sus pasiones lo llevan a tomar decisiones en momentos clave, que no siempre parecen las más correctas. Impulsado sobre todo por sus sentimientos.

En 2006 Andrés había hecho una campaña muy poderosa, era el heredero de una izquierda que casi diez años antes había fracturado otro partido de izquierda moderado y con muchos años de poder, el PRI. Andrés tenía la fuerza de los fundadores del PRD, de las corrientes recientemente institucionalizadas y el de artistas, periodistas y sobre todo del “pueblo”.

¿Qué pasó? Independientemente del margen de menos de dos por ciento, que llama a la suspicacia, de la posible ayuda de las instituciones y e incluso de Ildelbrando; en el resultado final, el triunfo fue para  Felipe Calderón.

La campaña cayó en sus últimos días. Andrés se ensoberbeció –dirían algunos–, se enojó con los que lo criticaron –dirían otros. La frase que se recuerda de esa contienda fue: “la campaña soy yo”, se la dijo a la revista Proceso, y eso provocó el rompimiento con una publicación que quizá era fundamental.

El error le quitó algo de contundencia a la campaña, ese enojo lo mostró en su etapa más humana: como un hombre colérico. Quizá fue eso, entre otras cosas, lo que tristemente, no resultó en una aplastante victoria de Andrés ese 2006.

Llego 2012 y Obrador se metió de nuevo a la contienda rumbo a la presidencia, con otros apoyos igual de poderosos y una campaña tendiente a otro estilo más mesurado con miras a la conciliación.

Hizo frente a un candidato que había hecho también campaña más de seis años: Enrique Peña. A diferencia de AMLO, Peña era un candidato que apostaba al carisma, era un rockstar de la política, si existe eso. Mientras que Andrés lo hacía a la experiencia y al cambio.

¿Qué pasó? Andrés un día se enojó y gritó fuerte dos frases que cimbraron su campaña… “Al diablo sus instituciones” y “cállate Chachalaca”. Y ese Andrés enojado volvió a restarse votos y simpatías. Perdió con un margen bastante más grande que 6 años antes.

Ahora vemos a un Andrés con una fuerza muy diferente, pues tiene su propio partido, pero con un desgaste muy pronunciado. En la campaña al Estado de México el golpeteo ha sido muy intenso contra la candidata de Morena, quien en todo momento ha sido apoyada por Obrador e incluso muchos han insinuado que la campaña es de él y no de Delfina. Por eso, el golpeteo ha sido en dos frentes, uno de ellos contra Andrés.

La víctima de este golpeteo ha sido la diputada de Veracruz Eva Cadena, quien cayó en una trampa, pero a la que también se le nota que le encanta el dinero y recibió al menos cuatro veces, buenas cantidades –supuestamente- para Andrés. No consta que se los haya dado, pero en la teoría de la post-verdad eso no importa. Si Andrés no se manchó el plumaje, al menos sí lo metieron en el lodo.

Enojado Andrés se vuelve a ser explosivo y hace lo que cualquier humano en su lugar, se defiende, se pelea con quien se tenga que pelear, esta vez fue de nuevo con periodistas.

Andrés no puede dejar de ser humano, siente, se apasiona y tristemente se enoja. ¿No hay en su equipo, alguien que lo pueda “serenar”? Se ha visto que no, sus principales asesores, amigos, consejeros e incluso algunos que parecían incondicionales en las pasadas campañas se han alejado de él.

¿Puede Andrés corregir este temperamento? Me parece difícil, pues es parte de su personalidad y de su necesidad de ser un triunfador, AMLO es un hombre que se enoja y por eso pierde. En lugar de luchar contra eso, quizá tendría que agregarlo a su campaña; el cómo hacerlo es el reto, pues a los mexicanos nos gustan los “broncudos”, pero no frontales.

Andrés es franco, macho, de mecha corta, enojón, pues. Es un mexicano como todos, pero los mexicanos somos contradictorios, difíciles de complacer, siempre hay alguien que no está de acuerdo, casi nunca estamos contentos, así somos.

En ese sentido queremos un político como Andrés, sí, pero que parezca un Mirrey, es decir un fresa, pero naco. Entonces por es no lo queremos, ergo, luego de más de 12 años en campaña quizá Andrés sea el que tenga que adecuarse al electorado, porque una parte del electorado no se adaptara al estilo de Andrés y él los necesita a todos.

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