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LA FIESTA NEGRA: RAYMUNDO RIVA PALACIO

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Por Raymundo RIVA PALACIO./23 de Mayo./

En Anzures, una colonia en la Ciudad de México de abolengo venido a menos, hay una casa donde los días son espectaculares. Se encuentra en una calle con nombre de astrónomo y es administrada por Froylán Gracia García, coordinador ejecutivo de la Dirección General de Pemex durante la administración de Emilio Lozoya. La casa no es distinta a las que hay en esa zona de la capital, pero lo que la distingue es su interior y lo que se da un promedio de dos veces por semana: empresarios y políticos, funcionarios federales y gobernadores, llegan ahí por invitación con el propósito de hacer negocios. Qué tipo de negocios realizan, está totalmente libre a la imaginación. Cuántos se han podido concretar, no se sabe. Pero en el momento en que se entra a la casa, eso parece irrelevante.

La planta baja dispone de una gran barra, que ha sorprendido por su tamaño a más de un invitado, donde hay todas las marcas de bebida para cualquier tipo de paladar y capricho. Se encuentra en un espacio abierto que de día puede funcionar meramente como bar, y en las noches se convierte, por la decoración y la iluminación, en una discoteca. Hay meseros elegantemente vestidos que ofrecen canapés a los invitados, aunque en la parte trasera de la casa hay un patio en donde se pueden dar comidas. Pero la joya de la casa es otra.

El atractivo para los grupos selectos que acuden, no más de 15 de preferencia, son las mujeres. Algunos de quienes han ido a esas reuniones las describen como espectaculares. Eslavas y brasileñas, únicamente, son acompañantes para quien quiera platicar con ellas, adiestradas a retirarse cuando los visitantes comienzan a platicar de temas que no sean para gastar tiempo en superficialidades. Pero están ahí para lo que deseen los invitados. En la planta alta hay suites, no oficinas, para quien busque una mayor privacidad.

Nadie sabe –o si lo sabe no le importa– si todo lo que suceda en esa casa es videograbado. Se desconoce, porque hasta ahora nadie lo ha descubierto, que existan micrófonos para grabar conversaciones. Por una extraña razón, nadie se pregunta que si todo es gratis, las mujeres, las bebidas, el servicio, en dónde está el negocio de Gracia García. Su nombre ha sido una fuente de conversación dentro del gobierno federal durante buena parte del sexenio, al haber sido la persona más influyente durante la administración de Lozoya en Pemex, que despachaba junto al entonces director de la empresa y por quien todos los asuntos relevantes tenían que pasar primero por el semáforo de su despacho.

La integridad de Gracia García fue defendida siempre por Lozoya, quien aseguraba que todas las insinuaciones e imputaciones en su contra eran falsas. Las autoridades abrieron investigaciones informales sobre el exfuncionario, y no se sabe si existe un expediente judicial actualmente en su contra. Gracia García ha sido señalado por inversionistas extranjeros y mexicanos como un funcionario que cobraba por gestionar citas con Lozoya –que el exdirector de Pemex también ha negado–, y acusado de realizar negocios paralelos abusando de su delicado puesto de confianza.

Lozoya fue removido de Pemex después de meses de que el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, pidió al presidente Enrique Peña Nieto su cese, por lo que consideraba un desorden administrativo en la empresa, y por los presuntos actos de corrupción durante su gestión. Los señalamientos contra Lozoya crecieron después de su salida, lo que motivó que la intención de Peña Nieto de nombrarlo embajador de México en el Reino Unido se congeló por meses y finalmente se canceló. Una intentona del presidente del PRI, Enrique Ochoa, por incorporarlo al Comité Ejecutivo Nacional cuando fue nombrado en la institución, también fue desechada por el mal ambiente que tenía Lozoya en el gabinete. Nada legal hay hasta ahora en contra del exdirector de Pemex, quien mantiene discretamente una consultoría en una oficina en las Lomas de Chapultepec.

Tampoco tiene vinculación alguna con la casa en Anzures que administra y opera Gracia García, quien pese a la muy mala imagen en el gobierno peñista, no parece haber tenido mayor problema para montar su nuevo negocio y convocar a funcionarios, políticos y empresarios a que utilicen la instalación para relajarse y alcanzar acuerdos benéficos para todos. La manera como Gracia García ha sido capaz de construir tan peculiar empresa, habla de la ligereza o frivolidad, además de irresponsabilidad, con la que actores políticos y agentes económicos tratan los asuntos públicos.

La satanización de Gracia García dentro del gobierno debería ser el semáforo rojo que evitara trato directo o indirecto con él en cualquier tema de orden público. El que todo en esa casa sea gratuito significa –porque no cabe pensar en la ingenuidad de los visitantes– que hay otro tipo de pago al exfuncionario de Pemex. Se desconoce si es una comisión acordada por cada negocio, como lo acusan en sus tiempos como el brazo derecho del exdirector de Pemex, o algún otro tipo de beneficio. En todo caso, nada es regalado, sobre todo en esa casa donde varios invitados describen coincidentemente su experiencia como “una fiesta inolvidable”. Lo que ahí sucede llama a una investigación para determinar si existen actos de corrupción. Por lo pronto, lo que abunda es cinismo, que no está penado por la ley, y que ha sido la marca de este sexenio al que le falta medio año para concluir.

Twitter: @rivapa

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