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LA COLUMNA, MIÉRCOLES 8 DE JUNIO.

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Por Mario Héctor Silva./

El fantasma del Coronel./

Realmente pocos ciudadanos lo advirtieron. Pero ese mismo día en que llegó a Ciudad Juárez el presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, El Diario -el principal y quizás más influyente medio de comunicación impreso en el norte del país-, bajo su bandera y claudicó a los reclamos.

El director general y propietario de ese medio, Osvaldo Rodríguez Borunda, decidió por alguna razón dejar de lado las sentidas demandas planteadas al Jefe del Ejecutivo, que repitió en más de una ocasión durante cada una de las últimas visitas que hizo éste a la región.

Las conjeturas fueron diversas y los colegas concluyeron que ‘algo’ satisfizo al propietario de El Diario, que no sólo entregó oficiosamente, tinta y papel al Presidente de México, sino que olvidó las demandas de justicia, por los asesinatos de dos de sus empleados: Armando Rodríguez Carreón ‘El Choco’, asesinado el 13 de noviembre de 2008 y de Luis Carlos Santiago, que fue acribillado la tarde del 16 de septiembre de 2010.

De igual forma, las agrupaciones colegiadas de periodistas callaron. Por un momento, los colegas se olvidaron del clima de impunidad provocado por los grupos de la delincuencia organizada y de la nefasta actuación de los policías federales del secretario de Seguridad Pública Federal, el ingeniero Genaro García Luna, para cohabitar políticamente en horas y momentos cruciales en Ciudad Juárez. 

Incluso esos días 20 y 21 de Mayo, en el que se conmemoró los cien años de la Toma de Ciudad Juárez y la dimisión al poder del General Porfirio Díaz, a través de los nuevos espacios que ofrece la comunicación cibernética de El Diario, le dio preponderancia a la visita presidencial. Y hasta allí no hubo un solo reclamo. El medio decidió sacrificar la crítica por la publicidad.

La posición asumida por el propietario de El Diario, dejo en mera presunción, alguna especie de acuerdo o de arreglo conveniente para el gobierno y para el medio. Los auténticos guerreros y periodistas tampoco nada pudieron hacer.

Y todo lo anterior viene a colación, por que ayer se cumplieron 60 años desde aquél día en que el Coronel José García Valseca -el propietario de la vieja cadena de periódicos mexicanos que llevó sus apellidos CGV-, y que alguna vez concentró fuerza y poder en Chihuahua, arregló para la historia el llamado Día de la Libertad de Expresión: el 7 de junio de 1951.

Después de que el Presidente de México, Miguel Alemán apareciera como ‘El salvador” de los medios impresos, debido a su intervención para resolver el problema del papel, ese año el Coronel José García Valseca habló con diversos directores de periódicos en México y les propuso invitar al Presidente Alemán a una reunión para darle las gracias “por la forma tan rápida como había resuelto la escases de papel”.

La junta se efectuó el 7 de junio de 1951, aunque no fue sino hasta el año siguiente -el 7 de junio de 1952-,  cuando en otra reunión con el Presidente de México, el Coronel propuso a la “nación mexicana”, que el día 7 de junio fuera, año con año, “de consagración de los periodistas al ideal de la libertad de prensa que usted señor Presidente, ha enaltecido con su respeto, como parte fundamental de nuestra nacionalidad…

Y si un día, por desgracia, llegara a faltar tal libertad, la inasistencia de los periodistas a dicha reunión anual sería una protesta pública, allí había quedado la promesa de un diferendo que hasta hoy no ha cobrado vigencia.

La historia no oficial del Coronel José García Valseca, dice que el Coronel  fue originalmente un prestanombres del entonces gobernador del estado de Puebla, Máximino Ávila Camacho, hermano del presidente de México (Manuel Ávila Camacho), que decidió poner toda su inversión a nombre del Coronel, para construir lo que sería en las siguientes décadas un verdadero emporio periodístico en el país y que coincidiría con la llegada de Miguel Alemán Valdez a la Presidencia de la República.

De ese afamado hombre, criticado como oficialista en aras de poder económico y político, se dice que el Coronel tenía sus propias ideas. “Ayudaba al gobierno, y tenía su manera de hacer entender el ejercicio del periodismo”. 

Quizás lo mismo que le sucede ahora al propietario del principal medio impreso en la región. Similitudes y coincidencias en tiempos distintos…

Salvador Borrego, periodista y brazo derecho del Coronel asegura en el libro sobre la vida del Coronel, que el ocaso de la ‘buena estrella’ de José García Valseca llegó a su fin en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, donde, al decir del propio Borrego, colaboradores de Excélsior con Julio Scherer, intervenían e influían con quienes se encargaban de hacerle llegar al Presidente de la República la síntesis informativa.

El “canal” fue aprovechado para deslizar informes desfavorables e intrigas en contra del Coronel.

En 1967, ya trascendía en las redacciones de diversos periódicos y entre los políticos de primera fila que la amistad de Díaz Ordaz para con García Valseca se había enfriado.

Ese año en particular,  el Coronel no asistió a la comida del ‘Día de Libertad de Expresión’, en tanto que el presidente hizo críticas, que los asistentes consideraron iban dirigidas a los Soles. 

En los años siguientes vendría la etapa final: la CGV jamás pudo pagar un crédito de 10 millones de dólares que había ofrecido la casa Karl Loeb Rhoades y con Luis Echeverría llegó la intervención del periódico mediante un Fideicomiso que fue firmado el 28 de marzo de 1972. 

Hoy los tiempos del ejercicio del periodismo ciertamente son otros, aunque siguen anclados a una serie de intereses con el poder político y económico. Y allí estriba, justamente, la justificación de una celebración que paradójicamente en sus inicios tenía como objetivo el poder rendirle culto al gobierno.

Comentarios: elpolitikon@gmail.com

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