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LA COLUMNA, MARTES 31 MAYO.

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Por Mario Héctor Silva./

Entresijos y ausencia de poder./

El alcalde juarense Héctor Murguía Lardizábal, que no hace mucho tiempo, se podía afirmar, estaba convertido en un auténtico producto de la mercadotecnia política, al que compraban las masas, está metido en un feo atolladero y en un serio dilema por el pésimo manejo de comunicación e  imagen en su gobierno.

Confronta un serio problema por la ausencia de una efectiva comunicación política, pero también un serio problema de comunicación social, por la carencia de estrategias para dar respuesta a un incesante bombardeo en los diferentes medios de comunicación.

Murguía no cuenta con un periodista a la mano, que en el más amplio sentido, le pueda dar una ayudadita o una asesoría de primer año de primaria, en medio de la turbulencia que han provocado  los remolinos desatados y que amenazan la causa Tetista.

De los dos comunicadores que tiene tan cerca, pero quizás tan lejos y distantes a la vez, sumergidos en sus intereses propios, no se hace uno solo. El primero, producto de una factura política y acomodado a raja tabla por así convenir a los intereses (de Murguía) y de sus relaciones con el periódico de mayor circulación en la ciudad, y el segundo, ocupando más su tiempo en la construcción de una vana y perdida agenda cotidiana y, en más de una vez, cumpliendo como señorito de compañía del presidente municipal.

Para desgracia del edil juarense y de sus querencias políticas, Murguía ha perdido desde hace varias semanas la guerra de papel, y sigue sujeto al linchamiento político, que lo convierten en el clásico perro de todos los males.

Primero fue Miguel Salgado Peters, ese misterioso personaje que aseguran, salió del Palacio de Covián para emprender una férrea campaña de desprestigio en contra del alcalde y para encimarle fuego amigo…luego los dimes y diretes relacionados con una carta que fue filtrada y que enfrentó de manera gratuita a Teto Murguía con el poeta y líder social Javier Sicilia. Y para el colmo de todos los males del señor Presidente, las rabietas y decisiones que ha tomado, según dicen, de mutuo propio, el jefe de la policía Julián Leyzaola Pérez, que promete no dar ni una sola concesión a los periodistas y reporteros con los que haya que tejer alguna relación profesional.

Pero la jornada del lunes pasado, la misma en la que fueron, literalmente, tratados como criminales, los periodistas Pablo Hernández, Ismael Villagómez, además de Luis Escalera, evidenció la ausencia no sólo de una política de comunicación, sino la ausencia de la más simple cortesía política –para no decir de diplomacia- en el glamour político.

Y en ninguno de estos casos en los que Teto ha tenido que enfrentarse solo, ha encontrado siquiera una providencial salida o el apoyo de sus subalternos.

Los compromisos.

Hace apenas unas semanas, y en una reñida elección al interior del grupo, fue electo presidente de la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez (APCJ), Roberto Delgado Escalante, hermano del ex presidente de esa agrupación y guía ‘moral’ de los periodistas en los últimos años.

Manuel del Castillo fue pieza clave en el proceso no sólo de selección del candidato ganador, sino de la elección misma, que llevó a Delgado a presidir la APCJ.

Lo interesante es saber, hasta dónde, Roberto podrá, obligado por las circunstancias que no son menores, a pedir con la independencia del caso, una explicación al presidente municipal  de la agresión a los reporteros, sin que ello implique, el tener que negociar con el jefe de comunicación del alcalde (que es su pariente), para evitar el llamado conflicto de intereses.

O, ¿habrá la suficiente solvencia moral de la autoridad en el área de la comunicación social para destrabar los entresijos del caso?, o simplemente el alcalde Héctor Murguía, atenderá la conducción de una mera treta política para salir avante de los envites del fuego.

Es obvio que Del Castillo, es realmente quien mueve los hilos de la APCJ a complacencia de sus agremiados, pero que los deja muy mal parados y carentes de toda autoridad moral cuando de exigir justicia se trata.

O, ¿acaso podrá Roberto Delgado, influir lo suficiente para exigir, en aras de la defensa de los reporteros agraviados, la salida de su medio hermano en la titularidad de la oficina de comunicación social?, justamente y en razón a la ausencia de estructuras de comunicación que den el soporte a la razón y al entendimiento político entre quienes ejercen la autoridad y quienes ejercen el oficio reporteril.

La solícita presencia del jefe de comunicación social, que salió ayer en la presunta defensa de los reporteros, entre éstos, su amigo Luis Escalera –hechura suya en la televisión-, y la sugerencia de que los reporteros interpusieran su queja en asuntos internos (que forma parte de las mismas estructuras de poder) no convence a muchos.

La mano de Leyzaola.

Lamentable, muy lamentable pues que Leyzaola haya tocado ya a los periodistas. Sus subordinados –algunos que ni identificación traían-, también presume la suplantación de verdaderos policías o la sospecha de que se trate de elementos clonados al servicio del crimen.

El arresto (esposamiento) de los reporteros del periódico Norte de Ciudad Juárez, sienta un mal precedente para los periodistas de Ciudad Juárez, que obliga al alcalde Héctor Murguía a dar una buena explicación de los muchachitos de Julián Leyzaola. Los policías actuaron como verdaderos energúmenos.

Las expresiones del presidente de la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez, Roberto Delgado Escalante son demasiado suaves: “Hemos dado un mensaje muy claro al teniente Leyzaola de que le mande un mensaje a sus subalternos….los periodistas no somos los criminales”.

Al respecto, Adrián Ventura de la Asociación de Periodistas y Comunicadores (SPYC) exigió “que cese el hostigamiento al gremio periodístico por parte de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal” y que se garantice en consecuencia, la libertad de expresión…

Por ahora el presidente municipal, Héctor Murguía Lardizábal y su maltrecha figura política está asociada a dos vertientes: la de comunicación y la de la seguridad pública. ¿Cuál es la más débil?…

Comentarios: elpolitikon@gmail.com

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