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DAÑO ANTROPOLOGICO.

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AsambleistasPor Isaías Brito. OPINION.

Integrantes de un grupo de exmarchistas que ahora se hacen llamar “Asamblea Permanente Solución por Juárez “ se quejan de no estar informados de los pormenores del Plan Social para Juárez que, con apoyo del gobierno federal está llamado a  detonar  el desarrollo social de grupos marginados en esta frontera.

Esto quedó de manifiesto en el cuerpo de una nota informativa  que al respecto elaboró una reportera de Proceso y que reprodujeron aquí los medios que tienen contratado servicios de información con esa empresa, el domingo próximo pasado

Independientemente de que el reclamo de los quejosos no tiene base, pues el municipio opera estos programas  desde hace por lo menos dos años, en la medida en que su presupuesto se lo permite, y  además ha informado de ello a la comunidad en reiteradas ocasiones, este pataleo nos permite abordar el tema sobre otro tipo de daño que la violencia, por una parte y el autoritarismo, por la otra,  ya ahora tambión la falsa prticipación, pueden haber hecho a ciudad Juárez. Los sociologos lo llaman DAÑO ANTROPOLOGICO.

Los sociólosgos nos dicen que con frecuencia encontramos que las más perfectas formas de organización de un evento fallan. Encontramos también instituciones con los más altos fines y los mejores métodos, pero no funcionan como se desearía. 

En otras ocasiones, cuando están creadas las indispensables condiciones económicas, sociales, políticas y culturales para ejercer plenamente determinado derecho, las personas hacen omisión de su libertad, no ocupan el espacio que les corresponde y no asumen el protagonismo cívico que debían desempeñar. 

Podemos comprobar que no se trata solamente de ignorancia de sus derechos o deberes, se trata de una debilidad interior, de una fragilidad personal, de cierta quiebra de la persona, una tendencia irrefrenable a abandonar la lucha por la vida, de una ausencia invencible de responsabilidad.

Ante esta realidad, que casi siempre pasa como inexplicable, nos preguntamos: ¿qué sucede que esas personas no tienen consistencia propia, no hay cohesión interior, no hay fortaleza de espíritu, ni libertad interior, ni responsabilidad, ni poder de decisión, ni proyecto de vida?”

Pasemos ahora lo anterior  a nuestra realidad:   los exmarchistas dicen que el gobierno está haciendo las cosas sin consultar a la gente y que en el diseño de sus programas debe de participar la sociedad.Cierto. La única corrección a este planteamiento  de los exmarchistas sería la siguiente: que participen los directamente afectados…que no se les considere menores de edad que necesitan de “líderes” que los representen.

Ellos, los marchistas, quedarían automáticamente fuera de esta participación , pero  al querere ocupar los vacios que la gente idonea debiera llenar, incurren en usurpación de espacios, en robo de protagonismos…en hurto del derecho a la participación que legitimametne corresponde a otros.

Cuando aluden a la necesidad de que haya alguien vigilando el dinero para que no se gaste en otra cosa distinta a la que fue destinado, nos queda muy clara su real intención: no se trata de participar…se trata de estar cerca del dinero..Y creer que se queire estar cerca del dinero para que no se malgaste ya sería pecar de ingenuidad.

Cuando los sociólogos ser efieren a esa apatia en ciertos grupos de personas como un efecto de los excesos del poder, pasan por alto que también se deriva una apatia y en consecuencia un daño antropológico,  por  decepción… y normalmente por la decepción que causan aquellos individuos que en un momento dado se erigen como redentores y resultan meros oportunistas.Al identificar la gente participación con oportunismo, la primera sale perdiendo y el daño antropológico deja, como fatal herencia, la apatía.

El oportunismo, visto desde esta perspectiva, no se queda tan solo en el daño inmediasto que se hace a un grupo social cuando se usurpa su representatividad, sino en ese daño mas permanente que posteriormente inhibe toda participación.

Ante el triste espectáculo en materia de organización social, puesto al descubierto por el fenómeno de la violencia, es importante recomponer todos los flancos. Lucrar con la desgracia ajena tal cual lo quieren hacer los exmarchistas metidos ahora a asambleistas no es tan solo quedarse con el beneficio destinado originalmente a quien si lo necesita, sino, sobre todo, hacer mas profundo ese daño antropológico que hace impermeable al a gente a cualqueir llamado a la  participación y que n hereda una apatía paralizante.

Necesitamos clarificar  y aun mas, sanear nuestra idea de participación

Constituirse en un grupo tan sólo por tener una plataforma que, permitiendo la protesta busque cosechar en cuotas de poder o aún de dinero los frutos del pataleo, es deformar la organización social y hacerla sospechosa al punto de que después nadie quiera organizarse socialmente para la procura del bienestar común.

Los grupos derechohumanistas debieran de profundizar en sus estudios del fenómeno del daño atropológico para que sus acciones no contribuyan a acrecentarlo, ya no por mala voluntad, sino por ignorancia.

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