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INCERTIDUMBRE EN HACIENDA.

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Edna Lorena FuertePor Edna Lorena Fuerte.

Si podíamos señalar un bastión de continuidad y fortaleza en la economía nacional, ese era el Banco de México, con todas las críticas que se pudieran hacer al gobierno de esta entidad que encabezó Guillermo Ortiz, lo cierto es que tuvo algunas de las cualidades más difíciles de encontrar en la historia económica de este país: consistencia, durante 12 años tuvimos un manejo de la macroeconomía estable, dirigido y proyectivo; autonomía, más allá de los vaivenes políticos, en plena era de la transición, el Banxico se mantuvo independiente a las turbulencias y mantuvo su rumbo; seguridad, en este periodo se logró lo antes impensable, romper con las crisis recurrente de devaluación sexenal que eran ya una marca indeleble de nuestra economía.

Por todo esto, las implicaciones de la salida de Guillermo Ortiz son muchas y de la mayor importancia, puntualicemos:

En este momento, lo que podemos visualizar con claridad son las implicaciones políticas que lleva esta decisión, Felipe Calderón decide nombrar a un muy desgastado y muy poco popular Agustín Carstens, para hacerle espacio a su delfín presidenciable en una secretaría de mayor visibilidad, hasta aquí, la lógica presidencial parece clara, poner a dos de sus piezas en las principales instituciones económicas, pero para ello no está considerando los altos costos de la decisión: romper con el bastión de estabilidad que era el Banco de México, y politizar la Secretaría de Hacienda, algo que durante décadas evitaron los gobiernos priístas, y que aun el propio Vicente Fox, con su cortedad de miras, pudo respetar.

La gran pregunta es por qué tomar esta decisión en un momento tan complejo de la economía nacional, con una caída estrepitosa de 7%, contabilizando ya los efectos del desempleo y la escalada de los impuestos, lo menos que esperaríamos del gobierno es que al menos nos asegurara tranquilidad macroeconómica, un perfil inflacionario controlado y una paridad más o menos estable, es decir, todo eso que venía haciendo el Banco de México hasta ahora y que no sabemos si lo seguirá haciendo.

Y en cuanto a Hacienda, uno de los mayores reclamos de la ciudadanía es que haya un manejo transparente de los ingresos del Estado, que la nueva carga impositiva que se nos viene a partir del 1 de enero, sea manejada con inteligencia y rectitud, la tarea es compleja para el nuevo secretario Cordero, y quizá no le resulte tan provechosa en buena popularidad como su labor en Sedesol.

Al final del día no sabemos si le saldrán las cuentas al Presidente, y si sus decisiones políticas no terminarán llevándolo a números rojos en la economía, y de paso, a todo el país que somos los que estamos en el medio de sus correrías.

Por lo pronto todo pinta a que ha sido una mala decisión y que quizá la tengamos como uno de los peores errores de este gobierno, ojalá el tiempo nos desmienta y estos cambios hayan sido atinados, no para el gobierno de Felipe Calderón, sino para todo un país que está siendo llevado al límite de sus fuerzas.

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