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HURACANES Y DOGMAS: SARMIENTO

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Por Sergio SARMIENTO./8 de Septiembre./

Parecen signos del Apocalipsis. Tres huracanes, “Katia”, “Irma” y “José”, avanzan por el mar Caribe y el golfo de México. “Irma” es el huracán de mayor intensidad registrado en el Atlántico y el más prolongado de su categoría en cualquier lugar del mundo. “Harvey” devastó Houston y provocó alrededor de 60 muertes. “Lidia” dejó cuatro muertos y extensos daños materiales en Baja California Sur. Tan sólo la noche del 6 de septiembre, 11 mil millones de litros de lluvia cayeron sobre el sur de la Ciudad de México, rebasando por enésima vez la capacidad del drenaje.

¿Estamos viendo las consecuencias de ese cambio climático que algunos, como Donald Trump, han negado? Muchos artículos y reportajes políticamente correctos así lo señalan sin asomo de duda. El número de declaraciones que señalan que estas tormentas son consecuencia directa del calentamiento global es abrumador.

Los negacionistas rechazan la posibilidad con la misma certeza. Rush Limbaugh, una de las voces más conservadoras de los Estados Unidos, afirmó este 5 de septiembre en su programa de radio que las informaciones sobre los huracanes son exageradas por los medios para generar compras de pánico: “Los gráficos [de televisión] han sido creados para hacer creer que el océano está teniendo un exorcismo”. Según Limbaugh, quien vive en Palm Beach, Florida, donde podría alcanzarlo “Irma”, “estas tormentas, cuando llegan, nunca son tan fuertes como se reportan”. Alex Jones, operador del portal Infowars, uno de los favoritos de Trump, afirma que “el Gobierno”, un Gobierno profundo que ni el Presidente puede controlar, usa el “arma del clima” para generar miedo al cambio climático y promover la “agenda liberal”.

La verdad es que el calentamiento global se ha medido de manera sistemática desde cuando menos 1880. Los registros se han vuelto cada vez más amplios y precisos. No hay duda de que el planeta se está calentando. Las altas temperaturas de los océanos, por otra parte, nutren a los huracanes, que son la forma en que la Tierra responde para moderar las temperaturas.

El clima, sin embargo, es un sistema complejo cuyos comportamientos en el largo plazo nadie ha podido prever con exactitud. Si bien la lógica señala que la mayor temperatura de los océanos debe haber aumentado el número y la intensidad de los huracanes, la realidad es otra. En este 2017 hay una gran actividad meteorológica en el Atlántico, pero llevábamos años con registros notablemente bajos. El Geophysical Fluid Dynamics Laboratory de los Estados Unidos apunta que, una vez que se descarta la escasez de datos de los primeros años, el aumento en el número e intensidad de las tormentas desde el siglo 19 “no es significativamente distinguible de cero”.

Ayer, Roberto Ramírez de la Parra, director de Conagua, me decía que, aunque pensemos que está lloviendo más, en realidad está lloviendo lo mismo de siempre, pero en períodos más cortos y en ubicaciones más delimitadas. “Esto –dice– parece ser consecuencia del cambio climático”.

Cerrar los ojos a lo que dice la ciencia es insensato. El calentamiento global es una realidad, pero las consecuencias son muy difíciles de prever. Las explicaciones automáticas que atribuyen cada huracán o cada inundación al calentamiento global pueden ser tan falsas como las posiciones de los negacionistas. Antes que ofrecer explicaciones simplistas, habría que entender la complejidad de los sistemas climáticos. Pero siempre es más fácil usar el clima para “probar” dogmas ideológicos.

¡PAREN MÁQUINAS!

La aplicación de todos los acuerdos de París no tendría casi ningún efecto sobre el cambio climático. Según Bjorn Lomborg, para limitar el calentamiento a 1.5 grados, como se propuso, deberían eliminarse todas las emisiones de carbono a partir de 2021. Imposible.

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