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GASTO INEFICAZ: SARMIENTO

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Ciudad de México.– El gasto público no deja de crecer. Nada más el gobierno federal (sin el IMSS, el ISSSTE, Pemex o la CFE) gastó en el año 2000 un billón 997 mil millones de pesos. Para 2015 este gasto alcanzó 3 billones 760 mil millones de pesos. Son cifras reales, ajustadas por inflación. En otras palabras, el gasto del gobierno federal aumentó 74 por ciento en términos reales entre 2000 y 2015 (México Evalúa, “Las dos caras de tu moneda”, 2016). ¿Cuántos mexicanos han tenido la posibilidad de incrementar su gasto real en un porcentaje igual o siquiera cercano?.

No sólo gasta cada vez más el gobierno federal, sino que lo hace por arriba de lo programado. En 2015 tuvo un presupuesto aprobado de 3 billones 508 mil millones de pesos, pero el gasto registrado que cito arriba fue de 252 mil millones de pesos, 7 por ciento, más de lo presupuestado.

Lo peor es que el creciente gasto no está aportando beneficios a la sociedad mexicana. El egreso en seguridad pública, por ejemplo, se duplicó de 139 mil millones de pesos en 2010 a 277 mil millones de pesos en 2016 (Instituto Belisario Domínguez del Senado, Reforma). La seguridad en el país, sin embargo, cada vez está peor.

No es el único caso. También los programas de combate a la pobreza han tenido fuertes crecimientos en los últimos años, pero la pobreza no ha disminuido. Lo mismo ha sucedido con el gasto en salud, que tuvo un impulso enorme tras la creación del Seguro Popular, sin que realmente se note una mejoría en la salud de los mexicanos. Los egresos en educación también han subido, sin que el desempeño de los alumnos haya mejorado.

No todos los gobiernos son tan ineficientes en el gasto público. En los países desarrollados el gasto gubernamental se refleja en servicios públicos de más alta calidad. Quizá por eso los grados de cumplimiento en el pago de impuestos son tan altos. En México los contribuyentes sienten que los impuestos son un robo que no se traduce en servicios públicos equivalentes.

El gasto del gobierno debe tener un propósito que no sea simplemente gastar más, pero el gobierno presume no los logros de las políticas públicas sino lo que gasta en buenas intenciones. Los grupos políticos que viven del gasto público se encargan de impedir recortes. Las organizaciones campesinas, por ejemplo, están exigiendo más dinero del erario, a pesar de que este dinero no ha ayudado a mejorar la situación de los campesinos pobres. Ayuda, eso sí, a aumentar el patrimonio de los líderes de estos grupos. Por eso organizan manifestaciones y plantones.

¿En qué usa el gobierno federal el dinero? El mayor rubro en 2015, 36 por ciento, correspondió a transferencias, asignaciones, subsidios y otras ayudas. El segundo, 34 por ciento, fueron las participaciones y aportaciones, que algunos políticos defienden como una federalización del gasto, pero que un alto funcionario me describió como “una verdadera descentralización de la corrupción”. Los servicios personales, o sea la burocracia, representan el 10 por ciento, pero a esto hay que sumar 4 por ciento de servicios generales. Otro 9 por ciento se va al servicio de la deuda, la cual sigue creciendo por el déficit de gasto. La inversión pública, en cambio, recibe sólo el 2 por ciento.

La pobreza de México puede explicarse por muchas razones, algunas históricas y otras económicas, pero uno de los factores más importantes es un gasto público cuantioso e ineficaz. Ninguna sociedad puede darse el lujo de desperdiciar un 26 por ciento de su producto interno bruto.

Campo beneficiado

Los grupos de campesinos que quieren que se excluya al campo mexicano del TLCAN quieren dinero y subsidios. Pero el campo nacional ha sido fuertemente beneficiado por el libre comercio. El aguacate de Michoacán es un ejemplo, pero hay muchos más.

Twitter: @SergioSarmiento

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