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FINAL

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Sergio ArmendarizPor Sergio Armendáriz. <>

Entra una vez más en plena ebullición el fenómeno de uso y costumbre tan singular de encubrimiento de intento de destape, la carrera parejera con final aun incierto de los políticos que buscarán afanosamente los puestos de poder a disputarse en el Estado de Chihuahua el año de 2010.

Deseable siempre esperar que los planteamientos de precampañas y campañas denoten algún sentido coherente y comprometido de liderazgo social, político obviamente, así como también óptimamente cultural.

La renovación de la élite política del 2010 en Chihuahua, implica un poderoso cuestionamiento al rezago participativo que la ciudadanía que vota ha expresado de manera intensa en las urnas progresivamente vacías en los sucesivos procesos electorales en este incipiente siglo XXI, sin duda, no existe mayor atractivo para desplazar intención, voluntad y cuerpo, para dar vida a un acto que resulta por sus consecuencias, infinitamente poco satisfactorio.

Aciertan algunos estudiosos como por ejemplo, Denisse Dresser, al señalar que es indispensable recambiar las prioridades que tienen los partidos políticos en lo que respecta a su cada vez más empobrecido compromiso social; objetivos, estilos, costumbres y hábitos por supuesto, deberán ser severamente vigilados de manera inteligente y decidida, para evitar avalanchas de abstencionismo y voto blanco, si es que efectivamente se pretende reactivar una democracia cara en subsidio y pobre en resultados.

 Sobre todo, es fundamental que se evite caer en el ya recurrente autismo que caracteriza a los actores protagónicos del proceso electoral a vivir en Chihuahua el año de 2010. Los mismos deben intentar conectar con la ciudadanía de manera no convencional y no únicamente con los ya sobados instrumentos de la mercadotecnia, que ya han demostrado también agotamiento en su uso y abuso mediático.

El problema es degenerativo, el autismo conduce en el político a una conducta de mitomanía según las circunstancias, lo anterior deriva en una actitud de megalomanía que se exacerba con el paso del ciclo trienal o sexenal.

Es realmente perverso el esquema de acción que obliga a un acomodamiento vicioso de servilismo y culto a la personalidad, sé que resulta ingenuo suponer siquiera que la idiosincrasias de la clase política disponga de generosidades reflexivas imposibles para el encuentro en una nueva cultura cívica, sin embargo, mientras el sistema lo permita en condiciones de no colapso, es vital seguir insistiendo en las posibilidades de transformación para la sobrevivencia colectiva.

Sería bárbaramente bueno que los partidos políticos controlaran sus reflejos y hábitos de mafiosidad, pensando aunque sea ligeramente en el servicio que formalmente encaran con la realidad pública a la que aspiran seguir dirigiendo, operando sobre de ella.

En el colmo de la inocencia, ojalá que el manejo selectivo que harán en la baraja de sus cuadros, implique la sensibilidad considerada para con el sentido de los méritos que trascienda al mecánico amiguismo, nepotismo o de entregas clientelares. Siempre hay tiempo para el hoy. Todo depende de saber o aprender a escuchar el susurro o el franco grito de los tiempos; la clase política debe salir del autismo electorero, antes de que la realidad se encargue de poner traumáticamente las cosas y los seres humanos en su lugar.

Se habla por ahí del sentido del dolor evitable, es situación límite, que determinará el destino de un sistema democrático que quizá se deshaga antes de haber vivido, y no simplemente anunciado.

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