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Feliz Año Nuevo…

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Por Luis VILLEGAS MONTES./

Por supuesto que a muchos de mis lectores y lectoras la declaración que sirve de título a estas líneas les parecerá un mucho belicosa. ¿Lo es? Antes de aclarar su contenido, permítanme unas cuantas palabras preliminares. La primera es que deseo, de todo corazón, que a la inmensa mayoría se les cumplan sus deseos. Deseos de ésos, escogiditos y apapachables, del tipo: Estar más tiempo con los seres queridos, hacer ejercicio, terminar una carrera, entrar a la escuela, comprarse el perro, el gato, el pez dorado o el canario que siempre ha querido, aprender un idioma (de plano el inglés y yo no nos entendemos), empezar a bajar de peso, y todas esas cosas perfectibles y deseables en cada uno de nosotros, que nos permiten recordarnos quiénes somos y para qué estamos aquí.

Le deseo también que no tenga más de lo que necesita para vivir y sí en cambio toda la felicidad que pueda abarcar con los brazos abiertos y la que quepa en las alforjas -porque uno nunca sabe si la felicidad bastará o si habrá bastante mañana-, a partir de las cosas simples por hacer y los placeres sencillos por disfrutar: Una caminata, una sonrisa, la vista de un niño, la compañía de un amigo o un ser querido, una película, una pieza de música, una golosina que se derrita en la boca como se disuelven los sueños. Tenga bebés o, por lo menos, lleve a cabo los trámites para tenerlos.

También le deseo un poquitito de tristeza o de insatisfacción, las suficientes para recordarle que sigue vivo -o viva-, que siempre hay algo porqué luchar, algo en qué creer, qué perseguir; algo por padecer que nos ponga en nuestro lugar y nos recuerde nuestra condición humana. La satisfacción absoluta abruma; nos resta fuerza y vitalidad; a veces nos hace egoístas. No se siente en sus laureles, no se “acomode” en sus éxitos, vaya a hacer otras cosas y si, de plano, halla que su vida es perfecta, ¡felicidades!, dele gracias a Dios y salga a ayudar a los demás pues hay miles de personas que todos los días necesitan de nuestro auxilio. Todos tenemos un talento especial que puesto al servicio de los demás, puede obrar maravillas; máxime si lo hacemos en bola y a la de tres.

Como sea, le deseo que este año sea memorable para usted y los suyos; es preciso, es necesario apelar a la felicidad, buscarla hasta debajo de las piedras. Dice Facundo Cabral. “El bien y los buenos somos mayoría, pero lo positivo no hace ruido y la maldad es muy escandalosa, por eso se magnifica”. Este País -éste que no es un pedazo de tierra ni un montón de piedras; éste que no es una sucesión de lápidas; éste que no es un cielo ni un mar contaminados; éste que es más que los rescoldos de una hoguera- este país, repito, somos nosotros, su gente. Y nos necesita unidos y fuertes. Más unidos y más fuertes en esta hora atroz. Por eso le deseo que este año sea feliz y, si siente que no lo logra, siga intentándolo, agótese en el empeño, es el único esfuerzo que vale la pena y, créamelo, la felicidad está en las pequeñas cosas. Y que conste que cuando digo “pequeñas cosas”, no me refiero a las pequeñas cosas que anhelaba Diego Verdaguer, según refiere Alberto Cortés: “Una pequeña mansión, un pequeño yate, una pequeña fortuna”.

Ahora sí, vayamos con el asunto del título de estas líneas. Escribí: “Feliz año nuevo… a casi todos” y escribí bien; anda por ahí una serie de individuos e individuas, que no sólo no merecen que no se cumplan sus deseos, sino que sería deseable que no se les cumplieran en lo absoluto, jamás, nunca de los nuncas. Por si usted no lo sabe o no ha reparado en el hecho que le cuento, este año se elije al Presidente de la República. Sé que usted cree que yo estoy equivocado porque todo mundo sabe que las próximas elecciones federales se celebrarán en el mes de julio de 2012 y erróneamente pensará que el errado soy yo pero no, el desencaminado será usted porque este año se juega la Presidencia de la República. Este año habrá elecciones en el Estado de México; podría, como suelo hacerlo, agregar un montón de pies de página para validar esta afirmación y esta otra: Que el próximo candidato del PRI a la más alta magistratura del País será el actual Gobernador de esa Entidad, el Lic. Enrique Peña Nieto, mejor conocido como el “bombón” -por aquello del improvisado e igeniosísimo eslogan ése de: “Peña Nieto, bombón, te quiero en mi colchón”-, esposo de la “¡Gaviotaaaaaaaaaaa!” además, pero no creo que sea necesario porque usted, amable lector, querida lectora, ya conoce estos hechos.

Pues bien, si el PRI pierde el Estado de México comprometerá seriamente la imagen de su próximo candidato y perderá uno de sus principales bastiones de votos; por eso necesita ganar a toda costa. Por su parte, el PAN y el PRD, como lo demostraron los resultados comiciales del 2009 y los procesos locales de Oaxaca, Puebla y Sinaloa el año pasado, la única posibilidad que tienen de enlaciarle el copete a Peña es a través de una coalición electoral. No por nada, meses atrás asistimos a uno de los actos más bochornosos de la vida pública nacional consistente en la firma de un acuerdo entre el PRI y el PAN por el cual, este último, renunciaba a su legítimo derecho a integrar una coalición de ese tipo en ese Estado.

Pues así las cosas, los ánimos electoreros se van a soliviantar un año antes; un año enterito antes. De ese modo, los demonios que tendrían que soltarse allá por enero del año próximo o a lo más, en septiembre de este año, andan sueltos desde septiembre del año pasado; así, vemos a algún Presidente de Partido vuelto loco -omito el nombre porque luego, luego se vienen los asegunes-, financiado con los recursos de ese mismo instituto político, como perro furioso detrás del güeso de una Senaduría, vendiendo y revendiendo (no sería la primera vez) su alma al diablo con tal de ganar seguidores y que incluye, ¡cómo no!, la afiliación desbocada de cientos de ciudadanos que vendrán a hacerle el caldo gordo en las internas del Partido.

A esas gentes, que no se les cumplan sus deseos. ¿Para qué? Luego llegan ¿y? Mire usted: No se trata del bien que se hacen a sí mismos yéndose a sentar en una curul que no merecen; si eso fuera, que se vayan de diputados, de senadores, total. Pero no, no contentos con servirse con la cuchara grande, es el mal que le hacen a la población con sus omisiones y babosadas; callando lo que deben de decir; dejando de representar lo que deben representar; abandonando las peleas que deben de pelear.

¿Cree que miento? ¿Qué exagero? Le pongo un ejemplo fresquecito: Ahí tiene usted a uno de nuestros flamantes representantes populares, a ron Dubén Aguilar Jiménez, diputado local del PT por Chihuahua, quien en medio de una de las más terribles olas de violencia en la Entidad, en plena sesión de la Diputación Permanente, “acusó a las organizaciones civiles que se han manifestado por el homicidio de la activista de recibir dinero de ‘agencias internacionales oscuras, o de la CIA’, y afirmó que de ahí salió el dinero para comprar las veladoras que han sido colocadas en la acera del Palacio de Gobierno”. ¡Hágame usté el refabrón cavor! (decía mi papá), a la CIA, nada menos que a la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos de Norteamérica, acusada de asesinar líderes comunistas, de financiar a la contrainsurgencia en Latinoamérica, de colaborar con los cárteles de la droga para alentar ciertas causas y de infiltrar gobiernos en el orbe entero, ¡financiando veladoras para la Plaza de Armas en Chihuahua! De pocos es conocida la fijación de la otrora KGB con el Santo Niño de Atocha y ya se sabe de la debilidad de los chinos por la Virgen de Guadalupe -que provocó un affaire entre la República Popular y la Iglesia Católica años atrás-, por lo que no es de extrañar este desliz de la citada Agencia, sin embargo, ¡Que bajo ha caído el espionaje internacional desde el término de la Guerra Fría! ¡Carajo! Adiós a las novelas de Ludlum o Tom Clancy.

A lo que quiero llegar es a que, una vez, en su pechito, ron Dubén deseó ser Diputado y ya ven las fatídicas consecuencias. Por eso, que no todo -ni a todos- se les cumplan sus deseos este año.

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