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EMILIO: DE LA RESISTENCIA AL CRIMEN ORGANIZADO

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Por Jorge FERNáNDEZ MENéNDEZ.

Como parte de las historias de las guerrillas latinoamericanas del siglo pasado hay algunas magníficas, por lo que implicaron de sacrificio, de lucha, de humildad social, por la forma en que a costa de todo se buscó acabar con dictaduras, con la desigualdad y la pobreza. Pero también hay historias terroríficas, sobre todo cuando esas organizaciones fueron derrotadas y algunos de sus miembros siguieron usando las armas como una forma de vida, no de lucha, no por un ideal político, sino económico, delincuencial.

La historia del comandante Emilio, el líder del desaparecido Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), de Chile, se inscribe entre éstas últimas. Raúl Escobar Poblete fue detenido por el secuestro de una mujer en San Miguel de Allende, el pasado 31 de mayo, junto con otros integrantes de una banda formada por personas originarias de distintos países. Tenía una identificación mexicana, pero la PGR lo identificó como el comandante Emilio, uno de los últimos líderes del FPMR.

El Frente Patriótico Manuel Rodríguez fue creado por el Partido Comunista de Chile como una organización armada para la resistencia contra la dictadura de Augusto Pinochet. La mayoría de sus integrantes fue entrenada militarmente en Cuba y otros países, y regresaron en forma clandestina a Chile. Fueron durante años una de las principales expresiones de resistencia en ese país, e incluso estuvieron a punto de acabar con la vida de Pinochet. La respuesta del régimen fue brutal y en una operación llamada de la noche de Corpus Christi, varios de sus dirigentes fueron localizados, detenidos, torturados y asesinados. A partir de allí comenzó el deterioro del FPMR que, con el tiempo se fue distanciando cada vez más de un Partido Comunista que quería seguir la resistencia por la vía política, no armada. Cuando cae Pinochet esa ruptura era total, sobre todo porque una fracción del FPMR decidió seguir la lucha armada contra el gobierno de Patricio Aylwin, producto de la coalición de todas las fuerzas antipinochetistas, considerando que era una forma de “continuismo” de la dictadura. Fue un error brutal que se vio reflejado en el asesinato del senador Jaime Guzmán Errázuriz, un sindicalista cercano a Pinochet, un ataque con lanzacohetes contra la embajada estadunidense y el secuestro de un familiar del dueño del influyente periódico chileno El Mercurio.

El comandante Emilio reapareció en 1996, cuando un helicóptero del que colgaba una suerte de jaula blindada aterrizó en el patio central de la cárcel de Santiago con sus integrantes abriendo fuego contra los custodios. Cuatro miembros de la dirigencia del FPMR lograron treparse al mismo y se fugaron. Del comandante Emilio, buscado por la Interpol desde entonces, no se volvió a tener noticia.

Ahora sabemos que él y su pareja se asentaron desde los años 90 en México, en Guanajuato y con el paso de los años utilizaron la formación guerrillera que habían tenido para organizar una peligrosa banda de secuestradores. Fueron detenidos acusados del secuestro de una mujer estadunidense, pero las autoridades sospechan que pudieran estar detrás de otros secuestros notables, como el de la nuera del expresidente Vicente Fox e incluso del de Diego Fernández de Cevallos.

No serían los primeros casos de personajes que abandonaron la guerrilla, o cuyas organizaciones fueron derrotadas o abandonaron las armas, y que se terminaron convirtiendo en delincuentes comunes, sobre todo operando en bandas de secuestradores. Así ocurrió en los primeros años de los 90 con los secuestros de los empresarios Joaquín Vargas, Jorge Espinosa Mireles y Jorge Sekiguchi. En los tres casos, según las investigaciones de aquella época participaron exintegrantes del salvadoreño FMLN. Poco después, en los primeros meses de 1994, fueron secuestrados Alfredo Harp Helú y Ángel Losada. Esos secuestros fueron realizados por el naciente EPR, pero también en la operación participó un grupo de exintegrantes de la guerrilla salvadoreña que actuaron por intereses económicos y personales.

Desde entonces hasta ahora son muchos los casos en que se dan secuestros, como el de los niños sobrinos de Gerardo Gutiérrez Candiani en Oaxaca, que se enmascaran en objetivos políticos, pero que en realidad terminan siendo parte de la delincuencia común. Ha sucedido lo mismo con exintegrantes de grupos armados de México, de Guatemala, de El Salvador, de Argentina, detectados en secuestros en nuestro país. Es el caso del comandante Emilio que de líder de la resistencia armada contra Pinochet terminó convertido en un peligroso delincuente más.

En las luchas armadas, guerrilleras, del siglo pasado en toda América latina hubo historias épicas y sacrificios marcados por un idealismo notable, insuperable. Pero la violencia en muchos otros personajes trascendió un momento de lucha política para convertirse en una forma de vida que, paradójicamente, vuelve a hacer víctimas y a sacrificar a quienes en esos años lucharon, equivocados o no, en pos de un ideal. Son personajes, como Emilio, que se convirtieron en todo lo que en el pasado despreciaban.

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