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DESEADA IMPERFECTA

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armendarizPor Sergio Armendáriz.<>

No hay duda de que es preferible la siempre imperfecta democracia a las ominosas dictaduras, o a los regímenes que agravian la posibilidad misma de desarrollar la condición cívica. Sin embargo, la realidad patente del crecimiento del desencanto democrático actual en nuestro medio, obliga a plantear con clara inteligencia las posibilidades actuales de desempeño de la clase política que da formal estabilidad a la gobernabilidad del país.

La imperfección democrática es un reto de madurez, para una sociedad que aprende a navegar con los apetitos y deseos non sanctos de los humanos que deciden dedicar su vida al indispensable ejercicio de administrar a la República.

No es bueno definitivamente,  terminar por derruir la imagen ya de por sí desgastada del oficio político. El principio de autoridad tan vapuleado y a la vez tan fundamental, hoy es materia de duda, cinismo y amago de colapsos fragmentarios, regionales, que a su vez amenazan la vigencia de la estabilidad estructural y sistémica general.

Sin embargo, la clase política no da muchos visos de comprender, de enterarse realmente de la proporción de la grieta en el muro, el autismo continúa siendo divisa ciega para leer la realidad.

El tiempo se agota para el entendimiento inteligente y se expande para las actitudes crispadas. Nadie en regular juicio desea circunstancias que escapen del control institucional, de las prácticas “pacíficas” del sistema, pero tampoco puede pensarse en una continuidad adaptativa ingenua y tolerante de las irracionalidades brutales, de un régimen plano en lo electorero y burdo en la manipulación mediática.

El mismo trabajo de las OSC,s requiere encontrar su auténtica vocación de independencia de juicio y libertad de crítica. Su poder de propuesta efectivo, caminará de la mano de una percepción social que observe su autonomía de valoración política, permanente y no sembrada en la ambivalencia de coyunturas, sin duda, Ciudad Juárez cuenta con desarrollos institucionales que al paso de los años han mostrado el temple de lo verazmente comprobable, tanto en personalidades como en capacidad de intervención y propuesta.

Sin duda, bueno el mal menor que la democracia representa, no hay mejor camino institucional para controlar los afanes descabellados de poder, por lo demás siempre al calor del canto de las sirenas.

Por eso, el político mexicano debe acabar de comprender de una vez por todas y ya, que no existe otra opción en el sentido del respeto por la inteligencia ciudadana, las repetitivas y aburridas engañifas electoreras, por más costosas que sean, ya anticipan con trompeta y todo, la inminencia del desastre.

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