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DEL OTRO LADO, SOLO NARCOS Y VIOLENCIA.

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EL PASO.- El puente a la nada”, así es como los residentes del área de Tornillo, Texas, bautizaron al cruce internacional que conectará a esa comunidad con Guadalupe, Distrito Bravos, en el lado mexicano de la frontera, que ha desatado la especulación de terrenos, tensiones y disgusto, en contraparte de las bondades anunciadas por empresas y autoridades que se beneficiarán del proyecto en ambos lados.

“¿A dónde va ese puente?.. del otro lado sólo hay violencia y narcos, ya toda la gente se fue”, comentó Jennah Lettunich, cuya familia ‘vendió’ una herencia familiar de 137 acres –55 hectáreas– de tierras de cultivo que data de 100 años atrás, para la construcción del nuevo cruce.

El proyecto se supone estará listo para el próximo año y tendrá un costo de más de 90 millones de dólares.

Del lado mexicano, autoridades y empresarios anunciaron planes para urbanizar e instalar maquiladoras en el poblado de San Agustín, en un área de 429 acres –173 hectáreas– y 1,433 acres –579 hectáreas– de vivienda para aprovechar el transporte comercial a través del nuevo puente.

Manuel Robles, líder comunitario de San Agustín, a unos 10 kilómetros de donde estará ubicado el puente, cuestionó los intereses empresariales y políticos del proyecto.

“A ellos les interesa hacer crecer su capital, pero no les importa si los hijos de los empleados van a estar bajo el cuidado de quién o cómo, o si va a haber escuelas suficientes para quién o cuántos, y eso es lo que a nosotros nos preocupa: el ser humano. No pensamos en números ni en ganancia, sino en costos para los individuos y para la sociedad”, dijo.

Actualmente la construcción se encuentra detenida por la compra y preparación de los terrenos necesarios, lo que ha desatado la especulación y voracidad en su adquisición.

Además, según el agente Villalobos, de la Patrulla Fronteriza, “no hay dinero para construir el puente, entonces es imposible que se construya nada más la mitad”, dijo durante su labor de vigilancia en la pequeña entrada de Caseta, un minipaso entre ambos lados de la frontera.

El Condado El Paso ha buscado lograr el proyecto desde hace casi 15 años y ahora que se ha puesto en marcha ha invertido 27 millones de dólares.

El comisionado del Condado, Willie Gándara Jr., dijo que el plan del cruce internacional “es ideal para la economía local”, pero como en todo proyec to de desarrollo, el estilo de vida de muchos se ve afectado.

Un claro ejemplo es la familia Lettunich, que recibió 1.4 millones de dólares por sus 137 acres de tierra que sembraban desde hace casi 100 años y las cuales dicen, “no estaban en venta”.

“Para nosotros no fue una venta, fue un robo. Nadie les vendió esas tierras y de todas maneras nos la quitaron y no hay nada más que hacer. El dinero que nos dieron no era lo que valía ese terreno”, dijo Robert Lettunich.

Cuatro generaciones de los Lettunich han pasado por incidentes similares debido a la zona tan próxima a la frontera con México donde residen.

En los treintas, Martin N. Lettunich vendió 100 acres al gobierno cuando Estados Unidos cambió el curso del Río Grande y modificó la frontera. Según sus familiares, tampoco era tierra en venta.

Con la reciente “adjudicación” de otra parte de sus tierras, el señor Lettunich consideró que la ayuda a los residentes de la zona es una mentira.

“Si tuvieran una granja sabrían de lo que estoy hablando. Los daños son mucho más grandes que los beneficios. Ahorita ni si quiera hay agua suficiente, además el ruido y el tráfico que va a resultar será muy dañino para nosotros. Eso no vale un millón de dólares”, dijo.

Gran parte de los terrenos de siembra, propiedad de los rancheros de la zona, luce ahora plana y sin una sola planta. Frente al pequeño puente actual de apenas tres carriles y cubierto por una lona, el desarrollo aún no es visible.

Del lado mexicano de la frontera las autoridades planean construir además una carretera que atraviese la zona de los Médanos de Samalayuca para evitar que el tráfico tenga que cruzar por el Valle de Juárez, considerado como una de las zonas más violentas del país.

Sin embargo, autoridades mexicanas del Departamento de Transporte han dicho recientemente que no se ha llevado a cabo ningún estudio de impacto ambiental para la carretera y la construcción del puente.

Además de que los terrenos necesarios del lado de Guadalupe Distrito Bravos para comenzar el proyecto no han sido si quiera adquiridos y gran parte del territorio privado ha sido abandonado a causa de la violencia.

Entretanto, de ambos lados de la frontera los residentes están a la expectativa de un desarrollo en tela de juicio que se ha anunciado desde hace más de una década y del cual aún no han visto más que “abusos capitalistas”. (Luis Chaparro/El Diario de El Paso)

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