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CUBA, FIN DE CICLO Y ALTERNATIVA MORENA

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Por Jorge FERNÁNDEZ MENÉNDEZ./ 19 de abril

Ayer concluyeron 59 años de gobierno ininterrumpido de los Castro en Cuba. Ha acabado el ciclo personal, pero no el político: el castrismo sin Castro será la norma del nuevo gobierno que encabezará Miguel Díaz-Canel, un hombre de 57 años que con un muy bajo perfil se venía desempeñando como el segundo de Raúl Castro, quien tampoco se retira del todo, ya que conservará su posición como alto mando en el partido, mientras que uno de sus hijos tiene el control de buena parte de las Fuerzas Armadas.

Ninguna dictadura latinoamericana ha durado 59 años en el poder, ninguna revolución generó tantas adhesiones y entusiasmo como la cubana. Ninguna propició tantas desilusiones ni fue tan brutal devorando a sus propios hijos. Prácticamente ninguno de los hombres y mujeres que encabezaron la revolución con los Castro ha quedado vivo para compartir el poder con ellos, desde Camilo Cienfuegos hasta el Che Guevara, desde Huber Matos hasta Celia Sánchez, pasando por Arnaldo Ochoa, los hermanos De la Guardia o José Abrantes. Algunos murieron en extraños accidentes, como Camilo, otros en combate, prácticamente exiliados de gobierno que habían ayudado a crear, como el CheMatos fue encarcelado y expulsado del país, Celia se suicidó sin que se sepa por qué; Arnaldo y los De la Guardia fueron fusilados, Abrantes, preso después de ser la mano derecha de Castro por años, sufrió un repentino ataque cardíaco. Al final sólo quedaron los Castro, y con la muerte de Fidel, sólo Raúl. Nada ni nadie logró apartarlos un ápice del poder. Nunca aceptaron el menor asomo de disidencia interna o externa. No hay partidos opositores, no hay el menor margen para prensa o medios de comunicación que no sean controlados por el estado, internet está controlado y censurado. Los únicos resquicios se han abierto con una iglesia católica sumamente condescendiente con el régimen.

La cerrazón, las ocurrencias económicas, los caprichos y la explosividad de Fidelllevaron al gobierno cubano, a lo largo de los años, a un fracaso tras otro. Es verdad que hubo avances notables en salud y educación, pero también lo es que, en los dos sectores, desde antes de la llegada de los Castro al poder, Cuba mostraba buenos índices en ambos. También es verdad que la calidad de la atención en salud y la de la educación vienen cayendo desde hace décadas, como es inevitable que ocurra en un sistema cerrado e ideologizado.

No se puede explicar que el régimen se haya sostenido tantos años sin tres o cuatro factores decisivos. Primero, la pésima política estadunidense iniciada en los años 60 y que duró hasta el gobierno de Obama. El bloqueo por una parte y los intentos de asesinar a Castro, en lugar de debilitar fortalecieron a Fidel y Raúl. Al mismo tiempo, la antigua Unión Soviética mantuvo, a cambio de presencia y favores militares, económicamente la isla durante décadas. Todos los intentos realizados por los Castro de mejorar la agricultura, la ganadería, ni hablemos de industrializar al país, fracasaron rigurosamente. Fue la Unión Soviética la que mantuvo Cuba. Pero en 1989 el bloque soviético entró en crisis, cayó el Muro de Berlín y desapareció el campo socialista que sustentaba al régimen cubano.

Al año siguiente, en 1990, estuve reporteando en Cuba porque existía la duda de si el gobierno se abriría y transformaría siguiendo la ruta postsoviética (eran los años de la glasnost y la perestroika) o, incluso, si adoptaría una suerte de vía china de ingreso a la globalización económica en ciernes. Los Castro no hicieron ni una cosa ni la otra: endurecieron el régimen y lanzaron lo que se denominó el periodo especial, el inicio de los años de mayores carencias en alimentos, medicinas, productos básicos que han tenido los cubanos en su historia. A quienes dentro del régimen apostaban por un cambio los marginaron o, simplemente, los fusilaron como sucedió con Arnaldo Ochoa, en los hechos el hombre que estaba directamente detrás de Fidel y Raúl en el esquema de sucesión, muy popular entre la población porque había encabezado la intervención en Angola y muy bien relacionado, por los años de su formación militar en el bloque soviético, con la nueva camada de dirigentes de la Unión Soviética. Unos días antes de la caída del Muro de Berlín, Ochoa fue fusilado.

Diez años después, cuando todo se desmoronaba, en 1999 llegó Chávez a la Presidencia de Venezuela y muy pronto comenzó, en los hechos, a reemplazar a la desaparecida Unión Soviética como proveedor de Cuba. Básicamente Chávezenviaba a Cuba petróleo a precio casi regalado para que Cuba lo pudiera vender a precios internacionales. A cambio, Cuba reconstruyó áreas del Ejército venezolano y creó e integró el aparato de seguridad personal e inteligencia que hasta el día de hoy sostiene, a sangre y fuego, al sucesor de ChávezNicolás Maduro.

El fin de los Castro, la decadencia de Maduro, el encarcelamiento de Lula, las caídas de Cristina Fernández y Correa, deberían apuntar a un fin de ciclo continental de esta izquierda conservadora y populista que, con matices y diferencias, terminó arrasando económicamente a buena parte de América latina. Ese ciclo sólo se podría volver a abrir con el triunfo de Morena en México.

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