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COMPETITIVIDAD.

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Por Sergio ARMENDARIZ./6 de Junio/

En Ciudad Juárez los empleos que la industria maquiladora posibilita están en etapa de expansión. Nuevas plantas abren sus puertas para beneficio de los trabajadores potenciales que se incorporen al mercado laboral correspondiente. Una razón importante radica en un dato simple: en el 2002, en México los salarios eran 240 veces más altos que los de China, lo que cancelaba la ventaja natural de la cercanía mexicana a Estados Unidos.

Actualmente, los salarios en las fábricas mexicanas y según las voces de los especialistas financieros, son cerca de 14% más altos que los de China, notándose por lo tanto a lo largo de prácticamente una década, una fundamental disminución de la brecha salarial que llegó a ser monstruosa, hoy los costos laborales se encuentran es un proceso importante de nivelación.

Los trabajadores de China se empiezan a convertir en aliados insólitos de la economía mexicana, sus salarios en aumento están llevando a más compañías a construir sus plantas en México; por primera vez desde que China se unió en el 2001 a la Organización Mundial de Comercio –OMC- México mostró en los primeros 11 meses del 2010 un crecimiento mayor al del gigante asiático en términos de su participación en el mercado de Estados Unidos.

En el mismo sentido, existe actualmente un intento importante de regulación laboral y de adecuación de los derechos de los trabajadores a las leyes existentes en Occidente. Regulación ciertamente lenta, pero que de iniciar el rumbo y la velocidad correcta pueden llegar a integrar a la clase trabajadora, hoy con salarios por debajo del umbral de la pobreza, en la que debería ser una gran masa de ciudadanos que engrosaran la nueva clase media china.

De la misma manera, como consecuencia del hecho anterior, la economía china empieza a anunciar presiones inflacionarias e incluso lo que hace una década parecía impensable, movimientos de huelgas de trabajadores de ciudades importantes se presentan como factor político indudable en el juego de la economía del gigante asiático.

La economía de China llegó a tener índices impresionantes de crecimiento de su producto interno bruto anual –PIB- de hasta más del 10% respectivo, lo que hizo gritar a todos los vientos del mundo la emergencia del milagro chino, el impacto en la economía mexicana también resultó inequívoco con la sangría de empleos que emigraron al país asiático.

Un lugar común radica en suponer que China es como un ejemplo o emblema de milagro económico, los niveles de desinformación en la opinión pública son realmente considerables, en ese sentido, el crecimiento impresionante de la economía ocultaba en buena medida la sobreexplotación de una fuerza de trabajo macromasiva que se vendía casi al nivel de un esquema feudalizado, y que hoy parece despertar a esquemas de modernidad laboral largamente aplazados.

Los niveles salariales en el mundo entero no se establecen a capricho, por el contrario, son factores de un sistema de mercado que se regula de manera competitiva sin dar posibilidad ya a un intervencionismo político que desequilibre esa dinámica de competitividad liberal.

Observo todo lo anterior citando el famoso caso chino de éxito de crecimiento económico, porque la mentalidad común ha llegado en ciertas ocasiones a satanizar la economía de la industria maquiladora establecida en México en general y en Ciudad Juárez en lo particular, como si fuera un ejemplo típico y excepcional de “capitalismo salvaje”, sin reparar en el argumento informado de considerar al sistema de mercado internacional, que es el que regula las posibilidades de competitividad de las economías nacionales en plena época de globalización económica.

La vocación de Ciudad Juárez en lo específico radica en su modernidad industrial, sentido de desarrollo que se sustenta en la conservación y la expansión de la economía generada por el sector maquilador de exportación, Es peligrosamente ingenuo estigmatizar al pivote del mencionado desarrollo anclado en la industria maquiladora; ciertamente que se debe enfocar con creciente intensidad y calidad la responsabilidad social y la realización de la persona en el trabajo de esta vital industria, sin embargo, no es deseable en lo absoluto convertirla en el imaginario de la opinión pública juarense, en una especie absurda de demonio explotador.

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