Home»Opinión»ARRUGAS DEL RéGIMEN

ARRUGAS DEL RéGIMEN

0
Compartido
Pinterest Google+

precandidatosPor Sergio Armendáriz.<>

El PRI en Chihuahua acaba de decidir jugar a la candidatura de unidad para la selección de su aspirante a ocupar la gubernatura del Estado, en ruta al sexenio 2010-2016. En ese sentido, los juegos de la política hoy renuevan sus formas para la elección, designación o como se guste identificar a los estilos de encumbramiento de personas para convertirse en representantes “populares”.

Son en realidad prácticas sociales partidarias que en buena medida encubren los propósitos de poder de las cúpulas que rigen las vidas de las organizaciones legalmente reconocidas para la distribución y el ejercicio del poder político. La democracia electoral requiere de formas ritualizadas para hacer legítimo el dominio de las clases burocráticas sobre el grueso de la ciudadanía que debe sujetarse a los procesos administrativos y parlamentarios que se observan como la autoridad legal en el mando del Estado, en cualquiera de sus áreas de competencia.

Son juegos lingüísticos que permiten la toma de decisiones para hacer uso permisivo de los medios y recursos que el Estado recaba para contener e intentar socializar a la criatura humana. El poder necesita de ese tipo de juegos lingüísticos y procedimientos de acción para evitar ser cuestionado como simple y pura imposición, con la consiguiente reacción de impugnación por parte de los sujetos que serán sometidos al mando político, es decir, los ciudadanos organizados y no que conforman a la llamada sociedad civil.

La democracia electoral en su ángulo virtuoso, diluye cívicamente el potencial ejercicio autoritario del poder político, sin embargo, en su vertiente negativa, puede simplemente enmascarar y confundir el encarnizamiento de la disputa del poder por el poder mismo.

En ese sentido, se hace necesario empezar por la entronización interna de candidatos por partido político, estableciendo toda una serie de juegos procedimentales de poder que “legitiman” los ejercicios de dominio partidista correspondientes, con la carga coyuntural específica en impacto a la estructura permanente o casi permanente de las referidas organizaciones de poder.

Son procesos complicados de correlación tensa de fuerzas en posible o real controversia, y como se sabe, el conflicto es patrimonio de quien decide, siendo por lo tanto en ocasiones inútil desafiar al grupo que domina o hegemoniza la toma de decisión, dada la circunstancia de fuerza en el mencionado dominio que se permite “planchar” -expresión muy empleada en el lenguaje político, independientemente de sus referencias sobre cómo, a qué y a quién- la selección siempre elitista de los sujetos abocados al ejercicio del poder “popular”, es decir, supuestamente, “desarrugar” el camino del dominio en reproducción.

El problema radica en que sea por la llamada “unidad” o por lo “abierto”, hoy los partidos políticos hacen malabares de poder internos con una situación caracterizada por el hastío y el desafecto de los espectadores fundamentales de sus juegos de poder: los ciudadanos que dan vida a las estructuras sociales de trabajo, productividad y convivencia. Sin duda, el juego de poder en el fondo debiera ser precisamente eso, un juego.

Un Juego que propiciara la educación de la ciudadanía, que permitiera incluso la diversión entusiasta de una sociedad que está harta de engaño, violencia y desprecio hacia sus necesidades de formación cívica, es decir, que fortaleciera las posibilidades de construcción de una cultura política efectivamente plural, incluyente, colaborativa y no solamente sometida a las rabias recurrentes de la competencia por el poder inescrupulosa, sucia y negra en la disputa.

No hay buen método enmedio de una realidad que padece los estragos de la inseguridad, la violencia, la falta de desarrollo y la peligrosísima incredulidad creciente que se traduce en el abandono del entusiasmo por vivir la existencia en comunidad, compartiendo ilusiones de futuro y sueños motivadores.

Los políticos de oficio parecen no querer darse cuenta del hecho incontestable de su agotamiento como jugadores viciados de mañas y apetitos indeseables de poder por el puro poder. Por eso, los métodos no van a mover a nadie, lo único que continuará dando lubricación al sistema actual será la derrama económica que lastimosamente convierte a grupos de interés en colectividades mendicantes de oportunidad, peregrinaciones de grupos que se santiguan con fe extática delante del amo ungido.

Commentarios

comentarios

Nota anterior

BAJO RESERVA

Nota siguiente

REELEGIR LEGISLADORES Y ALCALDES