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EN CONTRA DE LA HISTORIA.

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Por Aida María Holguín Baeza / Opinión /

No bastó con levantar un muro de la vergüenza para dejarle al mundo claro que los inmigrantes no son bienvenidos a territorio estadounidense; no bastó tampoco con que el “terminator” de origen austriaco dejara de manifiesto que los latinos no estaban invitados al estreno de su película personal.

Todo parece indicar que algunos “gringos” han olvidado su propia historia negando con sus acciones que sus orígenes, raíces, desarrollo y poderío, radican precisamente en la migración.

Comencemos recordándoles que el día de acción de gracias (Thanksgiving) –una de sus celebraciones más importantes– se remonta al año 1620; cuando un barco con más de 100 colonos ingleses cruzó el Atlántico para instalarse en el nuevo mundo; al llegar a Plymouth, Massachussets, conocieron a un indígena que les ayudó a sobrevivir el crudo invierno; y aunque muchos de ellos murieron, los sobrevivientes decidieron hacer una fiesta para celebrar la primer cosecha de maíz.

Recordémosles también que durante el siglo XIX ingresaron de manera masiva a territorio estadounidense miles de millones de inmigrantes; y que éste, posiblemente ha sido el factor más importante y determinante para que el desarrollo y progreso de Estados Unidos aún siga vigente.

Claro que en ese entonces existían políticas flexibles en el tema de inmigración; y sin duda, el ingreso de estos millones de inmigrantes a Estados Unidos representa el mayor flujo migratorio de su historia.  Las razones de esta migración se atribuyen a las mismas que en la actualidad: “la pobreza y la esperanza de una vida mejor”.

Cuenta también la vieja historia, que durante 350 años se dio el poblamiento del continente norteamericano, y que fue gracias a la contribución de los inmigrantes provenientes principalmente del sur y centro de Europa que se llegó a un nivel importante de diversificación en la producción; tan importante, que hasta el día de hoy posiciona a Estados Unidos como potencia mundial.

Cómo es posible entonces que después de que las páginas de la historia yanqui registren estos antecedentes, ahora no tengan ninguna importancia para la Gobernadora de Arizona quien expide una Ley que va totalmente en contra del devenir histórico del país al que pertenece — aunque habríamos de ver de dónde vinieron sus antepasados–.

Es conveniente, necesario y justo que los inmigrantes paguen impuestos y acaten las Leyes del país que los recibe; pero es totalmente distinto enfrentarse a leyes absurdas que solo reflejan discriminación y racismo cuando por siglos la razón de su migración es tener una vida mejor.

La retrógrada Ley SB1070 de Arizona obliga a la policía local a arrestar a inmigrantes indocumentados, sólo porque exista una “sospecha razonable”.  Ante este inadmisible motivo y tras preguntársele a la gobernadora cómo luce un inmigrante indocumentado se limitó a decir: “realmente no lo sé”.

Es suficiente con que algunos “gringos” aún conserven las deshonrosas prácticas de discriminación y racismo como para que todavía la Gobernadora de Arizona Jan Brewer legalice, avale y ordene el maltrato a las personas tan solo por haber una “sospecha razonable” de que son inmigrantes.

Es lógico que con todo esto, el mundo entero esté expresando rechazo a esta ley e incluso estén llevando a cabo acciones concretas al respecto; como chihuahuense, mexicana y latina, a través de este editorial me uno a las manifestaciones de repudio ante un acto tan infame que va en contra de todos los países del mundo.

Concluyo pues, con una frase de la novelista francesa Simone de Beauvoir: “El hecho de que exista una minoría privilegiada, no compensa ni excusa la situación de discriminación en la que vive el resto de sus compañeros”.

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