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ANAYA Y LOS SUELDOS: SARMIENTO

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Por Sergio SARMIENTO./18 de Abril

El objetivo debería ser subir el nivel de vida de todos. El candidato Ricardo Anaya, sin embargo, promete que va a subir de forma artificial el salario mínimo. No es el único que piensa que así se construye una sociedad más próspera. Muchas décadas de malos análisis económicos han llevado a esta falsa idea.

Quienes defienden el aumento del salario mínimo parten del supuesto que un gran número de mexicanos tienen este ingreso. Anaya ha citado al Inegi para decir que 7.5 millones de mexicanos ganan el sueldo mínimo. Este dato, sin embargo, se refiere a personas que ganan el mínimo, o menos, y que se encuentran de manera abrumadora en la economía informal. Subir el salario mínimo no les ayudaría. Al contrario, puede perjudicarlos al aumentar la inflación.

¿Quiénes serían los directamente beneficiados por el aumento? Solamente los trabajadores registrados con un sueldo mínimo en el Instituto Mexicano del Seguro Social. ¿De cuántos estamos hablando? Según el IMSS, solamente 12 mil 164 en el tercer trimestre de 2017. Con razón los fuertes aumentos de los sueldos mínimos de los últimos años no han generado una mayor prosperidad.  El salario mínimo general se ubicaba en 60.75 pesos diarios en diciembre de 2012, cuando Enrique Peña Nieto asumió el poder. Para febrero de 2018 había alcanzado los 88.36 pesos (STPS). Se trata de un aumento nominal de 45.5 por ciento, casi el doble que la inflación. El salario diario asociado a empleos del IMSS, mientras tanto, pasó de 270.91 pesos al día en diciembre de 2012 a 349.38 en febrero de este 2018, un aumento de 29 por ciento. El índice de precios aumentó de 107.2 en diciembre de 2012 a 132.0 en febrero de 2018 (Banxico). Esto representa una inflación de 23.1 por ciento en el período. Los sueldos mínimos, como vemos, han subido mucho en el actual sexenio, pero esto no ha ayudado a la enorme mayoría de los trabajadores. Por el contrario, el aumento del mínimo parece haber sido uno de los factores que contribuyó al repunte de la inflación de los últimos meses que, según el Coneval, aumentó el número de pobres. Los precios al consumidor subieron 7.7 por ciento entre diciembre de 2016 y febrero de 2018. Los salarios mínimos aumentaron 21 por ciento en ese período, pero los sueldos promedio aumentaron solo 9.6 por ciento.

Para los políticos, prometer un aumento del salario mínimo representa una forma fácil de comprar votos. Esto se debe a que los trabajadores confunden el mínimo, que casi nadie gana, con los salarios promedio.

Tener un salario mínimo alto no es garantía de un aumento en el nivel de vida de un país. Una de las razones del fuerte desempleo de España y Grecia es su alto salario mínimo en comparación con su competitividad. En cambio, Singapur y Suiza, que no tienen salario mínimo, registran salarios promedio muy altos y tasas de desempleo muy bajas.

Un salario mínimo alto es fundamentalmente una prohibición para contratar a quienes tienen menor preparación o a quienes quieren trabajar solo unas cuantas horas. Castiga así a los más pobres y a quienes más flexibilidad requieren para laborar, como las madres solteras. Los salarios mínimos demasiado altos, por otra parte, generan desempleo.

Subir el sueldo mínimo de manera artificial es una pésima política pública. En tiempos electorales, sin embargo, esto importa poco o nada, ya que sirve para comprar votos.

Aeropuerto privado

Si Slim “considera que es un buen negocio, entonces que lo construya con su propio dinero y se le da a concesión”. Ésta es una buena propuesta de López Obrador. El aeropuerto no tiene por qué ser gubernamental. Que lo termine de construir, lo financie y lo maneje una firma pri

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