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AMNISTíA Y VIOLENCIA: SARMIENTO

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Por Sergio SARMIENTO./7 de Diciembre

Hubo quien dijo que Andrés Manuel López Obrador se había equivocado, que en la confusión de un chacaleo respondió sin pensar a la pregunta de un reportero: “Vamos a hacer todo lo que se pueda para que logremos la paz en todo el país, que no haya violencia. Si es necesario, vamos a convocar a un diálogo para que se otorgue amnistía, siempre y cuando se cuente con el respaldo de las víctimas, de los familiares de las víctimas.”

Pero López Obrador no se equivocó este dos de diciembre en Chilapa, Guerrero, una de las zonas más afectadas por la violencia en el país. Quizá no está comprometido con una amnistía, pero sí está considerando la posibilidad de un diálogo y un perdón. No es con más soldados, marinos y policías, dice, como se va a resolver el problema de la inseguridad.

Hay buenas razones para cuestionar un diálogo con los líderes del crimen organizado y la posibilidad de otorgarles una amnistía. Hubo un tiempo, cuando había un verdadero cártel, el de Guadalajara, en el que quizá se podría haber negociado con un capo o con un grupo relativamente pequeño de líderes del crimen. Hoy, después de décadas de guerra contra las drogas, la hidra tiene ya cientos o miles de cabezas. ¿Cómo escoger con quién negociar?

La respuesta de López Obrador a los cuestionamientos de los secretarios de Defensa y Marina sugiere que, lejos de haberse equivocado, él cree realmente en dialogar con los líderes del crimen. En Oaxaca este 5 de diciembre dijo que sabía que a los titulares de estas dependencias “les ordenaron lanzarse en contra nuestra, pero siempre digo lo que pienso”. Añadió: “La política se inventó para evitar la guerra. La paz y la tranquilidad son frutos de la justicia.” Y parafraseó a Gandhi: “Ojo por ojo, diente por diente, nos dejaría ciegos o tuertos o chimuelos y no resuelve el problema.”

Sería imposible, es verdad, negociar con miles de criminales a la vez. Los delitos que más duelen no los cometen las grandes bandas del narcotráfico sino grupos relativamente pequeños de delincuentes. López Obrador, sin embargo, ha entendido la exasperación de la población ante una inseguridad que no ha hecho más que aumentar en los últimos años, a pesar de que el gobierno ha gastado cantidades crecientes de dinero para fortalecer a las policías, las procuradurías y las fuerzas armadas. Una vez más Andrés Manuel está estableciendo la agenda de fondo en un proceso electoral.

El problema de la inseguridad no tiene soluciones fáciles. López Obrador señala en su Proyecto de Nación 2018-2024 que la inseguridad es producto del desempleo, la pobreza y la desintegración familiar. Esta idea, de que los pobres son los responsables del crimen, no es avalada por la información. Es falso que los pobres sean más proclives a cometer delitos. La información disponible sugiere que la mayoría de los criminales pertenecen a la clase media y no a los grupos más pobres. La idea de que los huachicoleros o quienes asaltan trenes lo hacen por hambre es simplemente falsa.

La estrategia de utilizar la represión para reducir el consumo de las drogas, sin embargo, no ha disminuido su uso, aunque sí ha provocado una dramática explosión de violencia. Quizá la solución no radica en reglamentar el uso del ejército como policía, como lo hace la Ley de Seguridad Interior, ni en otorgar amnistías a los principales criminales. Una medida más sencilla, y más eficaz, sería legalizar las drogas y usar a la policía para combatir los crímenes con víctima.

¿Pánico?

Enrique Ochoa, presidente del PRI, declaró en Tlaxcala que el destape de José Antonio Meade hizo que López Obrador entrara en un “estado de pánico” lo que explica su oferta de amnistía a criminales. Curioso. Porque en todas las encuestas que he visto AMLO sigue en un cómodo primer lugar.

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