Home»Opinión»AMLO, ANAYA Y LA OBSESIóN DE 2018

AMLO, ANAYA Y LA OBSESIóN DE 2018

0
Compartido
Pinterest Google+

Por Jorge FERNáNDEZ MENéNDEZ./12 de Junio./

“Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”. La frase no es de alguno de nuestros dirigentes políticos, sino de Groucho Marx, pero viendo y escuchando actuar a alguno de ellos como Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya es inevitable recordarla.

Andrés Manuel dijo hasta el cansancio que Morena iría, de aquí al 2018, sin aliados, solos, puros, porque todos los demás eran parte de una enorme confabulación la mafia del poder, en la que entran y salen personajes con un solo criterio: que lo apoyen o no. Así, de la mafia del poder han entrado y salido a lo largo de los años, a veces hasta con días de diferencia, comunicadores y empresas de comunicación, políticos y empresarios, sindicalistas e intelectuales. Hasta hace unos días eran parte central de la mafia del poder Elba Esther Gordillo y su equipo: desde que su yerno, Fernando González, se incorporó al equipo de Delfina Gómez, la maestra, a ojos de Andrés, se ha redimido. Allí estaba otro prócer del sindicalismo, el minero (sic) Napoleón Gómez Urrutia, otro entusiasta promotor desde su exilio canadiense (donde está prófugo disfrutando de la fortuna robada a los trabajadores), de Andrés Manuel. ¿Cómo olvidar a otro reciente aliado, el líder sindical del Metro capitalino, Fernando Espino? El mismo que tanto tuvo que ver con la fraudulenta Línea 12, como varios de los principales funcionarios, ahora morenistas, que esperan con ansia el regreso de Marcelo Ebrard a Morena. ¿Que se perdieron en esa obra 30 mil millones de pesos? ¿A quién le importa? Esa no es la mafia del poder, son aliados perseguidos por el régimen.

En la elección mexiquense también encontramos otro digno aliado de
Andrés Manuel: nada menos que el exlíder del Partido Revolucionario Institucional en épocas de Arturo Montiel, Isidro Pastor, otro hombre ahora incorruptible, que jamás ha sido acusado de malos manejos ni ha tenido fama de mapache electoral y de operar con recursos inconfesables. ¿Que de eso lo acusaba López Obrador? No importa, Isidro ha encontrado el camino del perdón y la redención, apoyando a la maestrita Delfina.

La lista de oportunistas, transas y personajes impresentables que se han acercado a Morena (y que han sido perdonados por ese sencillo hecho) sería interminable, pero lo importante es que López Obrador sigue diciendo no sólo que él y su partido son intachables (aunque se descubran llamadas de su hijo a dirigentes partidarios dando instrucciones para hacer facturas falsas para lavar dinero y ocultarle gastos al Instituto Nacional Electoral: por cierto, el único partido que no ha reportado un solo peso de los gastado al Instituto Nacional Electoral es Morena), sino que por eso mismo no necesitan aliados para participar en las elecciones.

Los principios cambiaron cuando se acercaba la elección mexiquense y comprobaron que no les alcanzaba para ganar. Le doblaron el brazo al PT (el mismo Partido del Trabajo que salvó su registro gracias al Revolucionario Institucional y el Partido de la Revolución Democrática) para que su candidato declinara “sin condiciones” y ahora, en respuesta a una declaración de Alejandra Barrales sobre la posibilidad de realizar una alianza para el 2018, López Obrador aparece diciendo que se aliarán, pero sólo con militantes de otros partidos e independientes, o sea ríndanse, abandonen sus partidos y abracen al salvador. También decía Groucho que “el secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido”.

En fin. Vamos con otro caso en el que los principios se subordinan a los intereses personales: Ricardo Anaya. Insisto en lo que hemos dicho en este espacio. Anaya ha tenido aciertos y errores en la dirigencia panista, pero desde hace meses los mismos se terminan ocultando detrás de una obsesión, la misma de Andrés Manuel: la candidatura presidencial del 2018. Su accionar errático en la pasada campaña en los cuatro estados en que hubo elecciones, lo mismo que su exigencia de que se anulen en el Estado de México y Coahuila van de la mano con ello. ¿Lo está pidiendo porque tiene pruebas que lo sustenten o porque el domingo 4 a las seis de la tarde cantó unas victorias que no pudo refrendar? ¿Está rompiendo por principio o porque tanto el gobierno federal como sus oponentes panistas, desde Margarita Zavala a
Moreno Valle pasando por su exjefe Gustavo Madero, lo consideran poco confiable y falto de palabra?

Hace poco nos preguntábamos aquí “¿cuánto vale hoy la palabra en la política?… en política los puentes se comienzan a construir con base al respeto mutuo y la confianza. ¿Cuántas veces se puede ganar una batalla política concediendo al otro lo que quiere? ¿cuántas veces se puede comenzar a negociar a partir de un no? ¿cuántas veces se puede tener la confianza recíproca de rivales históricos?”. Para muchos hoy la palabra no vale nada o simplemente es un bien que se puede intercambiar. Pero por faltar a la palabra, por cambiar los principios de acuerdo al momento y el interlocutor, se han hundido, tarde o temprano, la mayoría de las carreras políticas. Pocas cosas, en la vida y en la política, valen más que la palabra.

Commentarios

comentarios

Nota anterior

¿QUIéN PROTEGE A LOZOYA?

Nota siguiente

TARJETAS CONCENTRAN 9 DE CADA 10 QUEJAS CONTRA BANCOS EN MéXICO.