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AL PADRE DE LA MAQUILA, TRUMP LE HACE LO QUE ‘EL VIENTO A JUáREZ’: BLOOMBERG NEWSWEEK

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CIUDAD DE MEXICO.- En Ciudad Juárez, junto a la frontera con Estados Unidos y al pie de la Sierra Madre, una Range Rover azul serpentea por el imperio construido por Jaime Bermúdez Cuarón.

En el vehículo van dos hijos y dos nietos del magnate de 94 años; los guardaespaldas los siguen en dos coches. Juárez no está sitiada por la violencia de los cárteles de la droga como hace una década, pero la élite sigue siendo un blanco de la delincuencia. Y los Bermúdez, que han acumulado una fortuna en el auge de la globalización, son definitivamente élite.

La caravana pasa frente a gigantescas fábricas, una tras otra, sobre calles bordeadas por cactus. Cada una tiene su propia tapia de cemento o hierro y lleva un nombre corporativo: Eagle Ottawa, Capcom, Copper Dots, Microcast, Filtertek, como feudos individuales enarbolando sus escudos de armas. Son las marcas detrás de las marcas que impulsan la economía global.

Estas fábricas producen asientos de cuero, diodos emisores de luz, cubiteras de plástico, pantallas de smartphones, ejes de dirección para vehículos. La mayoría de las piezas serán exportadas, a veces cruzando varias fronteras y fábricas, antes de convertirse en parte de un producto terminado.

Es por eso que estas plantas son conocidas como maquiladoras. Las empresas multinacionales traen sus materias primas a la maquila, como un granjero lleva su grano al molino, y ésta lo devuelve procesado y listo para la siguiente etapa de producción.

Casi nadie hace esto mejor que los juarenses, ni siquiera, como señala repetidamente la familia Bermúdez, los chinos. “De hecho, uno de los primeros ministros de China trajo al ministro de Industria aquí y lo dejó tres años”, dice Jorge Eduardo Bermúdez Espinosa, el quinto de los siete hijos de Jaime, mientras el auto se abre paso entre el tráfico. El ministro luego invitó a su padre a China, “y le dijo: ‘gracias a que estuvimos en Juárez aprendimos cómo hacerlo’”.

 Llegamos al estacionamiento de BRP, que fabrica vehículos todoterreno bajo la marca Can-Am. Los cuatro Bermúdez se ponen lentes de seguridad y chalecos color naranja, en la tierra que hace cinco décadas era el rancho algodonero de la familia.

La enorme planta huele a caucho caliente. Los soldadores moldean los marcos y luego van a una línea de montaje de humanos y robots. Los vehículos terminados se envían alrededor del mundo.

Esta es solo una de las 50 maquiladoras que operan dentro del Parque Industrial Antonio J. Bermúdez (el fallecido tío de Jaime, quien fue un poderoso político), ubicado en la Avenida Antonio J. Bermúdez, en el lado noreste de la ciudad, a kilómetro y medio del río Bravo.

Otras tres docenas de parques y zonas industriales en Juárez son hogar de unas 400 fábricas de todo tipo y tamaño; en total, las maquiladoras emplean a casi 300 mil personas.

Docenas de otros centros manufactureros han surgido en México, a lo largo de la frontera y también al interior del país. Pero Bermúdez fue el primero, a finales de los años sesenta, y su colección de siete parques sigue siendo una de las más grandes. “Don Jaime es el padrino, entre comillas, del sector maquilador”, dice Roberto.

Coronado, economista senior del Banco de la Reserva Federal de Dallas y experto en economía fronteriza. “Él era realmente el visionario”.

Uno de los laboratorios en las instalaciones de los Bermúdez (Foto: Bloomberg)

Un laboratorio de pruebas del fabricante Seisa

Bermúdez, formado en ingeniería en Estados Unidos y procedente de una familia conectada, estaba ansioso por sacar más partido de su campo algodonero en el desierto de Chihuahua.

Mientras observaba el ascenso de Taipéi y Tokio, advirtió el potencial del creciente número de trabajadores desempleados que vivían en la ciudad fronteriza, entonces conocida por sus prostíbulos, tiroteos y divorcios exprés. Bermúdez asumió entonces la misión de rehacer Juárez.

Hoy, la familia Bermúdez posee un colosal imperio en Desarrollos Inmobiliarios Bermúdez S.A. de C.V., cuyos activos incluyen parques industriales, oficinas, cementeras y centros comerciales. La compañía también está en medio de una tormenta sobre el comercio global.

El presidente Donald Trump ha calificado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte como el “peor acuerdo comercial jamás pactado” y prometió renegociar sus términos. Bermúdez está tranquilo, si no es que confiado, sobre todo ese asunto.

Si pierde el favor de los estadounidenses, los chinos son socios dispuestos, al igual que los alemanes, los holandeses, los japoneses.

“Hemos firmado un contrato ayer por siete años”, dice, sentado en un sillón de cuero en una salita revestida en madera, las arrugas profundas en su rostro enmarcan sus penetrantes ojos azules. “Somos muy optimistas. Estamos haciendo dinero para todos. Un muro no va a detener eso”.

Recientemente, dentro de la casa en la amplia Avenida 16 de Septiembre que usa como oficina, Bermúdez pasa sus dedos por fotografías, viejos recortes de periódicos y contratos que documentan el mundo que construyó. Recuerda los detalles, sin vacilar.

“Estaba tan seguro de que iba a tener éxito”, dice.

La casa, que figura en más de un libro de arquitectura como una joya del renacimiento colonial español, se encuentra en medio de otros edificios históricos, algunos todavía majestuosos en su pintura rosada, salmón y aguamarina. Juan Gabriel, quien falleció el año pasado, vivió a dos casas y los fans de ‘El Divo de Juárez’ siguen llevándole ofrendas.

En las calles cercanas hay fachadas llenas de graffiti y ventanas clausuradas, testimonio de la larga guerra contra el narcotráfico.

Bermúdez viene casi todos los días a trabajar. Bien parecido, de aspecto pulcro y cabello plateado, viste pantalones azules y una camisa de rayas; una hebilla de oro con la inicial “B” refleja una vida próspera. Su saludo es firme, y la piel de sus manos suave.

Durante varias horas y cafés con leche, queda claro que Bermúdez es una encarnación del mundo globalizado que él ha ayudado a crear. Nació en Ciudad Juárez en 1923 en el seno de la aristocracia terrateniente.

Fue educado en un elegante internado en Kentucky y luego en la Universidad Muskingum de Ohio, donde se convirtió en ingeniero civil y se hizo amigo de John Glenn, el primer estadounidense en orbitar la Tierra. Es un devoto del polo, deporte de reyes, e incluso una vez acompañó a la Reina Isabel II de Gran Bretaña a un partido entre México e Inglaterra.

Vive en una gran finca con tres de sus hijos y sus familias, quienes tienen sus respectivas casas y comparten una piscina y una capilla privada.

Juárez, una ciudad de un millón 300 mil habitantes, siempre ha estado vinculada a El Paso, al otro lado del río Bravo. Las rutas comerciales que hoy circulan trenes y semirremolques, atravesando ambas ciudades, fueron transitadas por indígenas precolombinos que transportaban turquesa y plata hasta Nuevo México.

Cuando los españoles llegaron en el siglo XVI, también recorrieron ese camino al norte. Más tarde llegaron los ferrocarriles, las corporaciones, los contrabandistas y los migrantes. “Es la ruta comercial terrestre más eficiente que existió entonces y todavía hoy”, dice Patrick Schaefer, director ejecutivo del Instituto Hunt para la Competitividad Global de la Universidad de Texas en El Paso.

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