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AHORA EN EL UNIVERSAL.

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Gustavo De la Rosa HickersonLe pasó a un amigo en Juárez. <>

Por Gustavo de la Rosa.<>Artículo de Opinion en El Universal.

Este hombre vivía feliz, pese a vivir en Ciudad Juárez, Tiene un puesto público de tercer nivel, por debajo del gobernador. Su jefe sólo le rinde cuentas al gobernador, y él, sólo a su jefe.

Trabaja cinco días a la semana y descansa dos, los cuales emplea en tareas agradables: estar en casa, escuchar música de los 70, leer de novelas históricas. Acostumbraba salir de compras a la tienda de la esquina, jugar con sus perros y con las personas que más quiere, una comida familiar a la semana y sus ingresos le alcanzan para esperar la próxima quincena sin sustos ni discusiones con la pareja.

Además, siempre decía: “Trabajo en lo que más me gusta, en la carrera que estudié, y me pagan 25 mil por mes, ¿qué más quiero?” Pero un día, hace tres meses, a este hombre cercano lo detuvo el Ejército, y nuestro amigo llamó a un teléfono que le había dado un coronel “para cuando se le ofreciera”. De inmediato le contestó el coronel y muy amablemente le solicitó que le devolvieran al detenido si no había cometiendo delito.

Horas después lo devolvieron bastante golpeado. Después de eso, el coronel no le volvió a contestar el teléfono. Días después a otro ex compañero de trabajo y vecino trataron de matarlo y mi amigo —el que vivía tranquilo y un día fue golpeado— le dio auxilio a su familia para que cambiarse de casa, porque le quemaron su vivienda como venganza por no dejarse matar.

Fue a visitar al jefe de la policía estatal y a la procuradora para solicitarles seguridad para el barrio. Contestaron que ese lugar era del Ejército. Trató de hablar al coronel, pero nunca le volvió a contestar.

Y ahí empezó su verdadero viacrucis. ¡Si tan sólo se hubiera quedado callado!, como lo hacen por miedo muchos juarenses. Pero no lo hizo, exigió públicamente al Ejército rendir cuentas sobre su actuación en la ciudad y su sospechosa actuación: ¿Por qué detuvieron a su colaborador? ¿Por qué lo golpearon? ¿Cuántos juarenses han detenido? ¿A cuántos han torturado? ¿Cuántos, delitos han cometido los soldados concentrados en Juárez? ¿Por qué los enjuician en Mazatlán? ¿cómo van las víctimas hasta allá? ¿A cuántos los ha encontrado culpables el juez militar? ¿Qué sentencias les ha dado? ¿Dónde están presos lo culpables de delitos graves como tortura u homicidio?

Además se indignó por las dos masacres de adictos en los centros de readaptación. Ahí murieron como 32 personas y nuestro amigo, ya encarrerado, expresó que parecían crímenes de limpieza social. Pidió aclarar las muertes de tres jóvenes: Alex, Guadalupe y Tomás, en las que podía estar involucrado el Ejército.

Y se le vino el mundo encima. Le advirtieron que “le bajara”. El general dijo que los de su oficina desprestigiaban al Ejército, y le hacían el juego a los narcos.

Nuestro amigo protestó por la ofensa y dijo que el operativo estaba fracasando y que el Ejército no se iba a retirar de Juárez cubierto de gloria. Su jefe rápido entendió el mensaje del general (hay quien dice que fue una orden) y empezó una investigación administrativa para despedir a nuestro amigo por faltarle al respeto al general. Hasta los malandros dijeron que ya lo tenían en la lista. Todo mundo estaba enojado con él. Le dio miedo y quiso irse por unos días a El Paso. Al cruzar le preguntaron que si tenía miedo de regresar a Juárez y les dijo que sí, que todo mundo tiene miedo en Juárez, pero que iba a El Paso sólo unos días y que ya después regresaría a su trabajo y a su casa.

Le dijeron que no podían dejarlo pasar sólo porque tuviera miedo. Y, para su protección, le dijeron, lo detuvieron en la prisión de Seguridad Nacional en El Paso, dándole un trato de reo de alta peligrosidad.

Estuvo detenido por breve tiempo hasta que se aclaró que los mexicanos a veces tenemos miedo, pero luego se nos pasa y volvemos a nuestras actividades, y explicó por qué tenía miedo, y por qué quería volver a Juárez, con miedo y todo. Un montón de personas gritaron que tener miedo no es delito Y lo dejaron libre. Nada más que ahora su vida es un espagueti y no encuentra cómo desenrollarlo.

Ya en la soledad de los amaneceres a veces mi amigo se pone a pensar: si sólo me hubiera quedado callado, hubiera seguido viviendo como muchos juarenses, callado… pero con miedo…

Visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos en Chihuahua

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